Margarita fue una presencia querida por quienes tuvieron el privilegio de conocerla. Su manera de estar en el mundo—serena y considerada—se reflejaba en gestos sencillos, en una calidez constante y en una gentileza que dejaba huella.
Con una fe firme y discreta, Margarita sostuvo a los suyos con paciencia y ternura. Su corazón bondadoso se manifestó en el cuidado cotidiano, en la escucha atenta y en el respeto con el que trataba a cada persona.
Su memoria permanecerá viva en quienes la amaron y la acompañaron, como ejemplo de una vida marcada por la bondad, la fidelidad y la suavidad de espíritu.
Que descanse en paz.