

Le sobrevive su segunda esposa, Gladys Peña quien compartió con él los últimos 12 años de su vida.
Su primera esposa fue Adela Ruiz con quien tuvo cuatro hijos. Sus padres fueron Julio Gómez Bonola y María Luisa González Orozco. Tuvo 9 hermanos: Aurora, María de la Luz, María Elena, José, Socorro, María del Carmen, Fernando, Andrés y Ramón Gómez González. De los cuales el único que sobrevive es Fernando.
Julio será siempre recordado por sus hijos/as: Elsa, Maribel, Julio y Edgar Gómez Ruiz. Sus nietos: Raúl, Elizabeth y Arely Macias Gómez., Emmanuel, Karla y Edgar Zavala Gómez., Atziri e Itzel Gómez Lezama., Edgar y Violeta Gómez Hernández y Edgar, Junior y Judith Gómez Velázquez. Sus bisnietos: Jason, Miranda, Armando, Aiden, Genesis, Ruby, Aileen y Valentina.
La historia nos dice que los lunes son símbolo de comienzo. El comienzo de algo nuevo, bueno y emocionante. Julio nació en Playa Vicente Veracruz, México, un lunes 25 de julio de 1938. Irónicamente, también partió físicamente de este mundo un día lunes. Es nuestra esperanza que el ahora se encuentre con nuestro padre Dios listo para este nuevo comienzo en el cielo compartiendo de su gloria y con todos sus seres queridos que partieron antes que él.
Todos los que conocieron a Julio, al cual su familia llamaba “papucho”, sintieron su contagiosa energía hasta su último aliento. Ya sea que estuviera dando una lección de historia, compartiendo una anécdota, un chiste, dando un consejo o teniendo una simple conversación en la cual sabías que no le podías llevar la contraria porque fuera como fuera él siempre tenía la razón y pobres de nosotros ilusos tratando de ganarle. Al final, siempre te retirabas con una nueva lección de vida y te llevabas otro pedacito de él en tu corazón.
Julio será recordado siempre con esa misma fuerza y energía con la que vivió. Sus hijos escribieron unas palabras para compartir con todos ustedes mientras celebramos y honramos la vida de su padre.
Elsa: Papi, te recuerdo y se llena mi alma de alegría por todo lo que nos diste mientras estuviste con nosotros. Todo lo que nos enseñaste nos ha ayudado a enfrentar la vida y tu ejemplo nos estimula para darles a nuestros hijos todo lo que nos diste a pesar de tú no haber tenido nada. Siempre vivirás en nosotros, habitarás en nuestra memoria y todo lo que vivimos a tu lado será el tesoro más grande que nos pudiste haber dejado. ¡Te amamos para siempre!
Maribel: Bendeciré el haber formado parte de tu vida y haber tenido el honor de ser tu hija. Serás siempre la luz que guíe mi camino y te amaré por el resto de la mía.
Julio: Tú fuiste el constructor de muchos caminos y estos trataron de llevarnos siempre por el bien. Tu camino en esta tierra terminó papito, pero siempre seguirás siendo nuestro guía.
Edgar: Papi, nunca supe que tan buena era mi memoria hasta que te perdí. Ahora me doy cuenta de que es tan buena que todo el tiempo estoy pensando en ti. Te llevaré en mi mente y corazón por siempre.
Papa Julio, aunque físicamente ya no está en este mundo, dejó una huella en todos los que lo conocieron y amaron. Nosotros, como familia, agradecemos a todos los familiares y amigos por su presencia y cariño para celebrar el increíble legado que nos regaló.
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