

Cumpliéndose el primer cuarto del siglo pasado, el 2 de enero de 1925, nació Benito Goveo Reyes (cariñosamente apodado “Benucho”). Hijo de Juana Reyes y Benito Goveo Cruz. Fue el menor de 14 hijos y por su frágil salud se convirtió en el protegido de mamá, que lo liberaba de las responsabilidades que compartían sus hermanos. Se convirtió en un joven muy travieso.
Estudiando en el programa nocturno para adultos, conquista a su maestra la Srta. Alicia Rivera Miranda y el 18 de diciembre de 1948 unieron sus vidas en matrimonio hasta el 7 de abril de 2006 cuando ella falleció. Fruto de ese amor son Vanessa, Sonia y Lourdes. Vanessa le dio tres nietos: Yaromil, Jorge y José Benito. Yaromil le dio dos biznietos: Samuel y Benjamin. Jorge le dio tres biznietos: Lola, Marlena y una biznieta que viene en camino. José Benito le dio tres biznietos: Laura, Sofía y Luisa. Sonia le dio tres nietos: Rubén, David y Elisabet. David le dio un biznieto David Jr. Lourdes le dio la bendición de llevar el evangelio de Cristo a la familia y la felicidad de verla convertirse en Pastora al servicio del Señor Jesucristo.
Tras la coraza del hombre fuerte, estaba el hombre sensible que no importaba la hora o las condiciones en que llegaba, iba al cuarto a besar las nenas y le acomodaba el mosquitero. Sentía como deber el proteger su familia. También fue el maestro de baile de las nenas y a su primogénita la ponía sobre sus zapatos para enseñarle a bailar. A su nieto David le trasmitió todo sus conocimientos y actualmente es un veterinario sin título.
El Señor lo llamó por mucho tiempo, y cuando lo aceptó cambió totalmente su vida y se manifestó su amor con la oración constante por toda su familia. El 31 de julio de 2015 se encontró con Alicia y con toda la familia que mora con el Señor.
Al recibir la noticia su nieta Yaromil escribió: “Abuelo fue mi primer héroe, mi vaquero, la persona que mas me enseñó sobre la naturaleza y cultivó en mi el amor por la tierra. Me brindó mucho amor y le amo mucho. Le doy gracias a Dios que se lo llevó en paz”
Por eso tenemos la esperanza que volveremos a encontrarnos en las moradas que el Señor nos ha preparado, donde no hay llanto ni dolor.
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v.1.18.0