Pedro fue un hombre dedicado a su familia y muy querido por sus amistades. Lo recordamos como un hombre aventurero, trabajador, honesto, sabio, inspirador, paciente y resiliente. Desde temprana edad mostró grandes habilidades y aptitudes manuales. Entre sus talentos artísticos, plasmó su arte mediante tatuajes. También era muy hábil construyendo y reparando.
A sus 24 años, y en espera de su primera hija, ingresó al Army de la 65 Infantería, conocida como los Borinqueneers de Puerto Rico.
Al salir del Ejército, realizó varios oficios. Fue barbero, taxista en Nueva York y trabajó en el Banco de Sangre. Luego de mudarse a Puerto Rico, se retiró como chofer del Departamento de Ingeniería de la Autoridad de Carreteras de Puerto Rico.
En su tiempo libre le gustaba acampar, pescar, ir al campo y coleccionar herramientas. Fue un buen vecino, siempre dispuesto a ayudar, dejando recuerdos que vivirán para siempre en nuestros corazones.
Le sobreviven sus hijas, Mari, Ivonne y Betsy; sus yernos, James, Rolando C. y Rolando G.; sus nietos, Alpi, Javier, Lehana, Mónica, Kyle, Laura, Rolando y Leslie; sus bisnietos, Gaby, Andrea, Chris, Adrián, Karina, Esteban, Camila, Ella, James y Everly; y sus tataranietos, Elora, Amira, Gía y Ronyn.
Aunque sentimos profundamente su partida, agradecemos el tiempo, las enseñanzas, las risas y el amor que compartió con todos nosotros.
Su legado continuará viviendo en cada persona que tuvo el privilegio de conocerlo y amarlo