Nacida el 15 de mayo de 1932 en Caguas, Puerto Rico, Eudocia fue una mujer de gran fortaleza, ternura y sabiduría. A lo largo de su vida, sembró amor en cada persona que tuvo el privilegio de conocerla. Su hogar en Aguas Buenas, Puerto Rico, fue siempre un refugio de calidez, unión familiar y valores.
Eudocia será recordada por su espíritu generoso, su fe inquebrantable y su dedicación a su familia. Su sonrisa, sus consejos y su presencia amorosa dejaron una huella imborrable en todos los corazones que tocó.
Aunque su partida deja un vacío inmenso, su legado de amor, bondad y fortaleza vivirá por siempre en quienes la amaron. Hoy la despedimos con tristeza, pero también con la certeza de que su luz seguirá guiándonos.
Descansa en paz, querida Eudocia. Siempre vivirás en nuestros corazones.