Recordaremos siempre a un hombre sencillo Julio López Escribano, quien nació en agosto 7 de 1948. Julio encontraba la plenitud en el susurro de la naturaleza, la paciencia de la pesca y el arte de dar nueva vida a lo olvidado a través del reciclaje. Su hogar era su santuario, donde deleitaba a los suyos con su cocina y transformaba el cariño en juguetes creados con sus manos para los nietos que la vida y el corazón le regalaron.
Se marchó como vivió: rodeado del amor incondicional de su familia hasta el último suspiro, dejando un legado de risas, anécdotas compartidas y esa sonrisa eterna que hoy nos permite recordarlo con alegría.
Su partida nos deja un vacío inmenso, pero nos queda el consuelo de haber compartido sus ocurrencias y la luz de un ser que hizo de lo cotidiano algo extraordinario.
Nunca serás olvidado Julio.