

Nació en Caguas el 12 de febrero de 1939.
Proclama de amor eterno a nuestra madre
Estuvo casada con Isidoro Meléndez durante más de 60 años, formando un hogar humilde pero lleno de amor. Dio vida a 15 hijos, de los cuales 10 viven , llevando consigo su ejemplo, su voz y su fortaleza.
Hoy proclamamos, con respeto y amor profundo, la vida de nuestra madre: una mujer sencilla, pero inmensamente valiosa. Una mujer sin títulos, pero con un corazón lleno de sabiduría y entrega.
Fue ama de casa, pero para nosotros fue todo: cocinera, consejera, enfermera, protectora, guía. Cuando la carne no alcanzaba, nos alimentaba con panas, guineos, huevos y lo poco que hubiera, pero nunca pasamos hambre. Aunque vivimos de cupones, jamás vivimos sin dignidad, sin fe ni sin amor.
Lavaba a manos la ropa por años, con el esfuerzo de quien lo da todo sin esperar nada a cambio. Y aunque no tenía formación académica , nos cuidaba con la dedicación de una enfermera, vigilando nuestras fiebres, llevándonos al doctor, y consolando cada llanto.
Nos enseñó a ser honrados, a respetar a los demás, y a amar sin condiciones. Nos transmitió su fe: fue cristiana y aceptó al Señor, y vivió su vida con la esperanza puesta en Dios, orando por sus hijos, con la Biblia cerca y la fe firme.
Su cocina fue abrigo, su voz fue aliento, y su presencia fue paz. Y aunque hoy nos deja físicamente, su amor se queda con nosotros, eterno, sembrado en nuestras vidas.
Por eso, proclamamos que su paso por esta tierra fue valiente, digno y sagrado. Su memoria vivirá en cada gesto bueno, en cada acto de amor que hagamos, en cada pan compartido con los demás.
Gracias, mamá. Descansa en la paz del Señor. Tu amor nos seguirá guiando hasta el último día.
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v.1.18.0