Pablo fue un hombre de pasiones sencillas y corazón grande. Disfrutaba intensamente de las carreras de caballos, siguiendo cada competencia con emoción y entusiasmo, y encontraba en el dominó no solo un juego, sino un espacio de encuentro, risas y amistad, donde demostró ser un gran jugador y mejor compañero.
Fue padre amoroso de dos hijos, a quienes dejó como legado su ejemplo, su carácter y los innumerables recuerdos compartidos. Su presencia marcó la vida de quienes lo conocieron, y su ausencia deja un silencio lleno de memorias entrañables.
Hoy lo recordamos con cariño, celebrando su vida, sus gustos, y el amor que sembró en su familia y seres queridos. Pablo Juan Méndez vivirá por siempre en nuestros corazones.