

Será recordado por su amor y dedicación a su familia, especialmente a su devota esposa durante 54 años, Beatriz, y a su querida hija, Karina, quien falleció hace cuatro años. Su inquebrantable dedicación a su familia, su fe y su trabajo como neurólogo pediatra dejaron una huella indeleble en todos los que lo conocieron.
Nacido el 16 de noviembre de 1935 en Calarcá, Colombia, el camino de Fabio para convertirse en un renombrado neurólogo pediatra comenzó con su formación en la Universidad del Valle en Cali, Colombia. Su pasión por la medicina pediátrica lo llevó a los Estados Unidos, donde completó una extensa formación médica durante nueve años en el Hospital Walter Reed y el Baylor College of Medicine.
El Dr. Fernández tuvo una distinguida carrera de 45 años, trabajando como neurólogo pediatra en la Clínica Blue Bird del Methodist Hospital (1970-1998) y más tarde en el Texas Children's Hospital hasta su jubilación en 2015. También atendía a pacientes en el Ben Taub Hospital. Además de su trabajo clínico, el Dr. Fernández fue mentor de residentes médicos y profesor adjunto de Neurología Pediátrica en el Baylor College of Medicine. En 2007 fue galardonado con el «Premio Arnold J. Rudolph Baylor de Pediatría por la Excelencia en la Enseñanza a lo Largo de su Vida». Conocido por su amabilidad, humildad y dedicación a sus pacientes, el Dr. Fernández era profundamente respetado por sus colegas. Su compromiso con la enseñanza de las futuras generaciones de médicos, junto con su experiencia clínica, dejaron un legado duradero.
La mayor alegría del Dr. Fernández provenía de su familia. Cuando tenían una casa en la playa en Treasure Island, Galveston, solían pasar tiempo juntos allí. Esos momentos con su familia junto al mar eran una parte muy preciada de su vida. También era profundamente devoto de su fe católica, que era parte integral de su vida. Ejemplificaba los valores católicos de amabilidad, compasión, integridad y humildad en todos los aspectos de su vida.
El Dr. Fernández falleció posteriormente a su hija, Karina, y sus padres, Ernesto Fernández y Ana Tobar. Deja atrás a su amada esposa, Beatriz, y a sus numerosos amigos, colegas y pacientes, cuyas vidas tocó a lo largo de su extraordinaria vida y carrera. Su compromiso con su familia, su fe y su profesión seguirá siendo para siempre una fuente de inspiración para aquellos que tuvieron la suerte de conocerlo.
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