

Pedro Celestino Márquez nació en Quebrada Seca, Estado Sucre, Venezuela, el 19 de Mayo de 1926. Sus padres fueron Pedro José Hernández y Estefanía Márquez; el hijo Pedro fue de apellido Márquez porque, de acuerdo con lo que él mismo relató, “antes la gente no se casaba”. Aunque el nombre no lo sugiere, Quebrada Seca es un caserío -también conocido como Caserío Villarroel- al lado del Río Manzanares y de otros cauces de agua; allí Pedro fue bautizado, estudió en la escuela rural, y aprendió a nadar y a pescar. Su hermano por parte de padre y madre fue Crisanto, con quien vivió una infancia muy dura; solían viajar unos 10 kilómetros en burro desde Quebrada Seca hasta Cumanacoa para trabajar vendiendo los dulces caseros que preparaba Estefanía. Pedro también ejerció el oficio de carpintero. Sus hermanos por parte de madre -con Juan Cabello- fueron Arcángel, Eleazar, Germán, Jesús Rafael, y Josefina; por parte de padre -con Amelia Mariñas Rangel- fueron Domingo, Elicena Josefina “Mina”, Elinor, Freya, Inés, Josefa María, Julio, Pedro, y Rosa Mercedes “Chichita”.
Pedro se presentó al ejército de los Estados Unidos de Venezuela a la edad de 19 años, el 10 de Enero de 1946. Recibió reconocimiento “por su irreprochable conducta y espíritu militar”, y obtuvo el rango de Sargento 2do el 1 de Mayo de 1947. Durante un operativo de control de disturbios, Pedro demostró su famosa hombría al rehusarse a obedecer la orden de un oficial superior de que se abriera fuego contra los civiles que estaban en la calle protestando. Permaneció en el ejército hasta el 18 de Enero de 1948.
El 31 de Octubre de 1956, Pedro recibió el Diploma de Contabilidad General otorgado por el Instituto Interamericano de Contabilidad; dominó esa profesión, e incluso fue instructor. A pesar de haber sido un hombre tranquilo y de pocas palabras, Pedro participó activamente en la historia política de Venezuela; en Diciembre de 1958 se postuló para concejal y para diputado. Tuvo muchas amistades, y ayudó a quien necesitara ayuda; era normal que diera alojamiento y cubriera los costos de educación para los sobrinos que carecían de recursos.
Lourdes Romelia Velásquez Pérez -hija de Arístides Velásquez y Carmen Pérez- fue la primera esposa de Pedro y falleció en Noviembre de 1958 cuando Pedro tenía 32 años; de esa unión no hubo hijos, pero sí quedó un fuerte lazo de afecto entre los Velásquez y los Márquez. Eustoquio Velásquez -hermano de Lourdes Romelia- se casó con Margot Hernández González el 17 de Octubre de 1959; ese día fue Pedro quien escoltó a Margot al altar. Pedro conoció a Beatriz Teresa Martínez Rodríguez -hija de Aquiles Martínez y Albina Rodríguez- por medio de una amiga común, y a la edad de 35 años se casó con Beatriz el 23 de Diciembre de 1961. De esta unión nació el 7 de Noviembre de 1962 su único hijo, Mario Celestino Márquez Martínez. Recuerdo de niño haber sido cuidado y alimentado muchas veces en la casa de los Velásquez; de ahí que Leida Velásquez -hija única de Eustoquio y Margot- sea como mi hermana mayor. Pedro enviudó por segunda vez tras el fallecimiento de Beatriz Teresa el 13 de Agosto del 2017.
Aparte de la preparación de exquisitos sancochos de pescado “a la oriental”, el baseball fue la distracción favorita de Pedro; recordaba claramente jugadores, jugadas, y temporadas. El 19 de mayo del 2015, con motivo de su cumpleaños #89, Pedro fue por primera vez en su vida a un estadio de Major League Baseball. Esa noche en el estadio Minute Maid Park hubo jugadas espectaculares, y Pedro disfrutó mucho ver en persona la victoria de los Houston Astros sobre los Oakland Athletics con marcador de 6 a 4. De regreso a casa por la autopista, me puso la mano en el hombro y me dijo que el haber ido a ver ese juego conmigo había sido “el mejor regalo de cumpleaños que había recibido” en toda su vida. En los años que vendrían, iríamos muchas veces más al Minute Maid Park.
Pedro fue admitido como U.S. Permanent Resident a la edad de 92 años, el 20 de Noviembre del 2018. A la edad de 94 años partió a reunirse con Lourdes Romelia y Beatriz Teresa en la madrugada del 12 de Diciembre del 2020 desde su casa de Katy, TX. Le sobreviven su nuera Perla y su hijo Mario, así como numerosos hermanos, sobrinos, y amigos que lo admiraron por su incondicional lealtad. Le quedo eternamente agradecido por haber tomado la decisión -logísticamente muy incómoda para él luego de que en 1973 nos residenciáramos en Los Teques- de que yo permaneciera en el colegio San Vicente de Paúl desde 1969 (1er grado de primaria) hasta 1979 (5to año de secundaria) porque fue ahí, en el humilde Prado de María, donde la vida me regaló las amistades indestructibles que tengo hoy en día. Me deja de herencia, en su inconfundible estilo de pocas palabras, la lección de manejo defensivo más valiosa que he recibido: “No veas el carro, vele la cara al que lo está manejando”.
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v.1.18.0