

Born on July 18, 1977, in Hollister, CA, to Armandin Villarreal and Ernestina Llamas, Anna was a devoted daughter, loving wife, cherished mother, and compassionate sister. Her life was one of deep faith, service, and unwavering love for her family and community.
Anna is survived by her beloved husband, Marion Santos Jr., and their two children, Oiram A. Santos and Annika Santos, who were the light of her life. She also leaves behind her parents, and her sisters, Melissa V. Santos and Dina V. Cantu; and many extended family members and friends who loved her dearly.
Professionally, Anna was a dedicated counselor, whose passion for helping others left a lasting impact on countless lives. Her empathy, wisdom, and patience made her not only a trusted professional but also a source of strength and comfort for many.
Family was at the heart of everything Anna did. She found joy in the simple moments spent with her loved ones. Her strong belief in her faith guided her life and was evident in the kindness and compassion she showed to everyone around her.
Anna’s legacy will live on in the hearts of those who knew her, in the lives she touched through her work, and in the loving family she nurtured and adored.
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Con gran pesar, anunciamos el fallecimiento de Anna V. Santos, quien falleció el 23 de junio de 2025 a la edad de 47 años.
Nacida el 18 de julio de 1977 en Hollister, California, hija de Armandin Villarreal y Ernestina Llamas, Anna fue una hija devota, una esposa amorosa, una madre querida y una hermana compasiva. Su vida estuvo marcada por una profunda fe, servicio y un amor inquebrantable por su familia y comunidad.
A Anna le sobreviven su amado esposo, Marion Santos Jr., y sus dos hijas, Oiram A. Santos y Annika Santos, quienes fueron la luz de su vida. También le sobreviven sus padres y sus hermanas, Melissa V. Santos y Dina V. Cantú; y muchos familiares y amigos que la querían profundamente.
Profesionalmente, Anna fue una consejera dedicada, cuya pasión por ayudar a los demás dejó una huella imborrable en innumerables vidas. Su empatía, sabiduría y paciencia la convirtieron no solo en una profesional de confianza, sino también en una fuente de fortaleza y consuelo para muchos.
La familia era el centro de todo lo que Anna hacía. Encontraba alegría en los momentos sencillos que pasaba con sus seres queridos. Su firme convicción en su fe guió su vida y se hizo evidente en la bondad y la compasión que mostraba a quienes la rodeaban.
El legado de Anna perdurará en los corazones de quienes la conocieron, en las vidas que impactó a través de su trabajo y en la amorosa familia que crio y adoró.
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v.1.18.0