Mauro fue un hombre amado por quienes tuvieron el privilegio de conocerlo. En su manera de estar en el mundo se reflejaba una generosidad constante, ofrecida con naturalidad y sin alardes, y un corazón bondadoso que dejaba huella en los gestos cotidianos. Su presencia, serena y considerada, acompañó a muchos con calidez y dignidad.
Mauro residía en Sylmar, California. Su memoria permanecerá con gratitud en quienes lo recuerdan y lo honran.