Amador fue un hombre gentil, honesto y resiliente, cuya presencia dejó una huella serena y firme en quienes tuvieron el privilegio de conocerlo. Inspiracional y sabio en su manera de mirar la vida, supo ofrecer orientación con sencillez, y su ejemplo habló con más fuerza que cualquier palabra.
De espíritu compasivo, Amador se distinguió por su trato considerado y su disposición constante a escuchar. Su legado permanece en la memoria de quienes lo apreciaron, como testimonio de una vida vivida con integridad, fortaleza y humanidad.
Que su recuerdo sea motivo de gratitud y que la paz acompañe a todos los que hoy lo despiden.