Ella era una persona alegre, que le gustaba ayudar al prójimo, amistosa, que dondequiera hacia amigos. Siempre le gustaba estar elegante y arreglada. Le gustaba coser, planchar, jugar a los caballos y en los billetes. También ayudaba a las monjitas en el Colegio Angeles Custodios.
Fue una buena madre, luchadora por sus hijos, siempre pendiente de ellos y de su hogar. Fue una buena esposa y una persona que se dió a querer entre la gente.
Hoy todos la recordamos y recordaremos por siempre. Descansa en paz, que no es un adiós, sino un hasta luego.