Fuiste mucho más que el esposo, padre, abuelo, bisabuelo, amigo que todos amamos: fuiste fuerza silenciosa, amor sin adornos y ejemplo vivo de lo que significa luchar por los suyos. Carpintero de manos firmes y corazón inmenso, construiste no solo muebles, sino los cimientos de una familia que hoy te honra con lágrimas y amor.
Junto a nuestra Fela compartiste 63 años de una vida real —de trabajo, fiesta, enfermedad, superación y un amor que nunca se rindió. Ustedes dos fueron nuestro faro: una historia escrita con esfuerzo, humildad y una ternura que no necesita palabras bonitas porque se siente en el alma.
Tu ausencia duele en lo más hondo, pero tu legado sigue en nuestras raíces. Vivirás en cada gesto, en cada historia, en cada corazón que tocaste. Gracias por enseñarnos tanto, Juaco. Descansa en paz, sabiendo que tu vida valió la pena