

It is with profound sadness that we announce the passing of Diego Edmundo Barahona Peña, our beloved father and grandfather, who died peacefully on June 5th, in White Rock, British Columbia, Canada. He was 83.
A lifelong educator, our father was born in Santiago, Chile, on March 6th, 1943. He was a proud alumnus of Liceo Manuel Barros Borgoño and Universidad de Chile. As a professor of mathematics, he taught at Universidad de Chile, in Santiago, as well as at Universidad Autónoma Metropolitana, at Instituto Politécnico Nacional, in Mexico City, and at the University of British Columbia, in Vancouver.
Our father was an avid reader; he loved film and music and would often recite poetry. A social thinker, he was deeply committed to anti-colonialist revolutionary movements. He believed in the right of all peoples to self-determination. In Chile, he campaigned for Salvador Allende from his adolescence and carried that commitment into his daily life — along with our mother, he taught adults to read and write, in the town of San Pedro Mártir, México. He was particularly proud of his work helping document traditional Mexican folk music during the 1970s.
Through his life’s work, our father touched countless lives. A generous man, he taught us to be kind and respectful, to do no harm, to think critically, and to do revolutionary work. Through his own example, he taught us the importance of aligning words with deeds, of speaking truth to power, of acting with conviction.
Our father would always stress that he would leave this world with no possessions — for him, material wealth was never the point. His true legacy lies not in what we accumulate, but in our actions, in the lives we touch, and in the ideas we leave to those who follow.
He is survived by his daughter Lili, and her husband, Brian; his son Federico, and his partner, Monica; his daughter-in-law Genevieve, as well as his three beloved grandchildren, Genevieve-Louise, Maddie, and Diego.
He was predeceased by his beloved wife of fifty years, Doris, our mother.
Dear Father: your departure has left us feeling as though an entire ocean has parted from this plain. From now on, it is your time to rest in power. You dedicated your life in the service of justice, enduring decades of exile, sacrifice and struggle. You will be deeply missed, forever remembered.
Con profunda tristeza, anunciamos el fallecimiento de Diego Edmundo Barahona Peña, nuestro amado padre y abuelo, quien falleció en paz el 5 de junio en White Rock, Columbia Británica, Canadá. Tenía 83 años.
Educador de toda la vida, nuestro padre nació en Santiago de Chile, el 6 de marzo de 1943. Fue un orgulloso egresado del Liceo Manuel Barros Borgoño y de la Universidad de Chile. Como profesor de matemáticas, impartió clases en la Universidad de Chile, en Santiago, así como en la Universidad Autónoma Metropolitana, e Instituto Politécnico Nacional, en la Ciudad de México, y en University of British Columbia, en Vancouver.
Nuestro padre fue un ávido lector; amaba el cine y la música, y solía recitar poesía. Pensador social, estaba profundamente comprometido con los movimientos revolucionarios anticolonialistas. Creía en el derecho de todos los pueblos a la autodeterminación. En Chile, hizo campaña por Salvador Allende desde su adolescencia y llevó ese compromiso a su vida cotidiana — junto a nuestra madre, apoyaron en la alfabetización de adultos en el pueblo de San Pedro Mártir, México. Se sentía particularmente orgulloso de su labor ayudando a documentar la música folclórica tradicional mexicana durante la década de los 1970s.
A través de su obra, nuestro padre tocó innumerables vidas. Hombre generoso, nos enseñó a ser amables y respetuosos, a no hacer daño, a pensar de manera crítica y a realizar un trabajo revolucionario. Con su testimonio, nos enseñó la importancia de alinear las palabras con los hechos, de decir la verdad al poder, de actuar con convicción.
Nuestro padre siempre enfatizaba que dejaría este mundo sin posesiones — para él, la riqueza nunca fue el propósito. Su verdadero legado no reside en lo que acumulamos, sino en nuestro testimonio, en las vidas que tocamos y en las ideas que dejamos a quienes nos siguen.
Le sobreviven su hija Lilí y su esposo Brian; su hijo Federico y su compañera, Mónica; su nuera Geneviève; así como sus tres entrañables nietos, Geneviève Louise, Maddie y Diego.
Le precedió en la muerte su amada esposa de cincuenta años, Doris, nuestra madre y abuela.
Querido Padre: tu partida nos deja sintiendo como si un océano entero hubiese abandonado este plano. De ahora en adelante, es tu momento de descansar en poder. Dedicaste tu vida al servicio de la justicia, soportando décadas de exilio, lucha y sacrificio. Te extrañaremos profundamente, siempre te recordaremos.
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