Juana fue una mujer de fe firme y corazón generoso. Vivió para su familia y con su ejemplo nos enseñó el valor de la humildad, la gratitud y el amor incondicional. Le gustaba tejer con paciencia, cocinar con esmero, y su risa iluminaba las tardes de lotería en familia. Pasar tiempo con sus hijas y nietos era su mayor alegría, al igual que salir de compras con ellas, compartiendo confidencias y sonrisas. Todos los días hablaba con Dios en oración, encontrando en Él su fuerza y consuelo.
Le sobreviven su amado esposo Arnoldo Quintero; sus hijas Juana María Quintero, Janneth Quintero, Elizabeth Quintero, Griselda Quintero; y sus adorados nietos: Alexia Amador, Alessandra Amador, Kendri Flores y Karlos Flores quienes fueron la luz de sus ojos y la alegría de su corazón.
También la sobreviven sus hermanos Gloria Escobedo, Adolfo Escobedo, Hilario Escobedo y Gregorio Escobedo, con quienes compartió memorias, lazos de sangre y un cariño profundo.
La reciben en el cielo sus hermanos que la precedieron en el descanso eterno: Eduardo Escobedo, Martha Escobedo, Valentín Escobedo y Luis Escobedo, con quienes ahora se reúne en paz.
Su amor vivirá por siempre en nuestras memorias, en nuestras conversaciones, y en cada rincón de nuestro hogar donde su presencia aún se siente. El vacío que deja es inmenso, pero su legado de amor, fe y fortaleza nos acompañará para siempre.
“Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.” – Mateo 5:8
Descansa en paz, Juana. Siempre te amaremos.