

Nació en Cuenembo, Michoacán, hija de Ramón González y Lucía Guía. Fue la tercera mayor de sus hermanos: Diego, María de Jesús, Gustavo, Salud, Teresa, Mary, Raquel y José. A los 28 años llegó a Estados Unidos, donde comenzó una nueva etapa de su vida y continuó construyendo el hogar y la familia que tanto amaba.
A los 16 años conoció al hombre que sería su esposo Reynaldo Barriga. el sacramento del matrimonio por la Iglesia Católica el 29 de enero de 1983.
Para quienes la conocieron, era difícil no sentir su amor. Era una mujer dulce, cálida, cariñosa y muy reservada. No necesitaba muchas palabras para demostrar cuánto quería a alguien; muchas veces, su amor se podía sentir simplemente a través de sus ojos. Y cuando hablaba, una de sus frases favoritas era: “Te quiero mucho, chula” o “Te quiero mucho, chulo.”
Su familia era su mayor orgullo y su mayor felicidad. Lo que más disfrutaba era ver a su familia reunida, especialmente alrededor de una mesa compartiendo una comida preparada por ella. Le encantaba recibir a su familia en casa y cocinar para todos. Su arroz rojo, las quesadillas de mole y sus calditos siempre tendrán un lugar especial en los recuerdos de quienes tuvieron la suerte de probarlos.
Sus hijos, Cecilia, Ángeles, Alejandro y Fernando, fueron una de las mayores alegrías de su vida y una de las razones por las que siempre siguió adelante. Para ella, ser mamá fue uno de los regalos más grandes que Dios le dio. Siempre buscó cuidarlos, apoyarlos y hacer todo lo posible para que tuvieran una vida mejor.
Como abuela, era una mujer muy consentidora. Siempre se aseguraba de que todos hubieran comido y, aunque supiera que ya habían comido, de todas maneras les mandaba comida para la casa. Esa era una de sus maneras de decir “te quiero”: alimentar, cuidar y asegurarse de que a los suyos no les faltara nada.
También tuvo la bendición de ser bisabuela, un papel que llenó su corazón de amor y alegría. Disfrutaba mucho ver crecer a las nuevas generaciones de su familia y cada niño ocupaba un lugar muy especial en su corazón. Su ternura, cuidado y amor quedarán como un hermoso legado en sus hijos, nietos y bisnietos.
Le encantaban los niños y disfrutaba mucho verlos crecer. También atesoraba el tiempo con sus hermanos y hermanas, especialmente cuando tenía la oportunidad de viajar a Texas para visitarlos. Le encantaba ver bailar a su hermana y disfrutar esos momentos sencillos en familia.
Una mujer de rutinas sencillas, pero llenas de significado. Se levantaba temprano para cocinar y tenía su lugar favorito en el sofá, donde le gustaba sentarse y disfrutar tranquilamente de su día. Siempre estaba bien arreglada, incluso cuando no tenía ningún lugar a donde ir. Le gustaba sentirse bonita y presentable. En los últimos años de su vida, encontró mucho consuelo y paz en visitar con frecuencia El Santisimo.
Su vida fue un ejemplo de fortaleza, trabajo y amor incondicional. Nunca fue de quejarse. Trabajó duro y siempre hizo todo lo posible para sacar adelante a su familia. Aun cuando sus hijos ya eran adultos, continuó ayudándolos de cualquier manera que pudiera, incluso económicamente, siempre buscando hacerles la vida un poco más fácil y sin poner condiciones.
Siempre soñó con tener una casa propia. Con mucho esfuerzo y trabajo, pasó de una casa móvil a una más grande, hasta que finalmente cumplió su sueño de tener su propio hogar.
Pero su mayor orgullo no fue nada material. Fueron sus hijos. Ellos fueron una de las mayores alegrías de su vida y una de las razones por las que siempre siguió adelante.
Su amor no tenía condiciones ni límites. Ayudaba porque así era ella. Daba porque quería ver bien a los suyos. Nunca esperaba nada a cambio. Su manera de amar era cuidar, cocinar, ayudar, escuchar, estar presente y asegurarse de que su familia estuviera bien.
Hoy queda un vacío muy grande, pero también queda una vida llena de amor y recuerdos. Quedan sus palabras, sus comidas, su música, su lugar favorito en el sofá, sus abrazos y ese inolvidable “Te quiero mucho, chula” que tantos llevarán siempre en el corazón.
Su familia siempre recordará a una mujer dulce, fuerte, trabajadora y amorosa, que hizo todo lo posible por sacar adelante a los suyos y que encontró su mayor felicidad en tener a su familia cerca.
Aunque ya no esté físicamente con nosotros, su amor seguirá viviendo en sus hijos, sus nietos, sus hermanos y en cada persona que tuvo la dicha de llamarla mamá, abuela, hermana o amiga.
Gracias por enseñarnos, con tu vida, lo que significa amar a una familia. Te llevaremos siempre en nuestros corazones.
Se llevará a cabo una reunión de familiares y amigos el domingo 10 de agosto, de 5:00 p. m. a 7:30 p. m., en la capilla de Bernstein Funeral Home, ubicada en 3195 Atlanta Highway, Athens, Georgia. A las 7:30 p. m. se llevará a cabo el rezo del Santo Rosario.
La Misa de Funeral se celebrará el lunes 11 de agosto, a las 11:00 a. m., en la Iglesia Católica San José, ubicada en 958 Epps Bridge Parkway, Athens. El sepelio tendrá lugar en Evergreen Memorial Park, 3655 Atlanta Highway, Athens.
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