

Con profundo respeto, anunciamos el fallecimiento de Anaida Kuilan López, quien nació el 10 de agosto de 1926 en Dorado, Puerto Rico, y partió con el Señor el 8 de octubre de 2026, a la edad de 100 años. Residente de Bayamón, Puerto Rico, Anaida deja una huella de vida marcada por la dedicación, la honestidad y una generosidad serena que se hacía sentir en cada gesto. Fue una mujer ejemplar: atenta, sabia y de buen corazón, cuya presencia inspiraba confianza y cuyo cariño se expresaba con una gentileza constante.
La más pequeña de siete hermanos, vivió una infancia feliz junto a sus padres, Zenaida y Leonardo, en Magüayo, Dorado, hasta el momento de contraer matrimonio. Cursó sus estudios en Dorado hasta la escuela superior, y más adelante completó un Bachillerato en Educación en la UPR de Río Piedras, sosteniendo con firmeza —y con la resiliencia que la caracterizó— el valor del aprendizaje y del servicio.
Tras culminar su preparación académica como maestra de Economía Doméstica, trabajó en la Escuela José Antonio Dávila durante 37 años. Su vocación, trabajadora y fiel, la llevó también a servir como Supervisora Educativa en la Región de Bayamón, guiando con dedicación y un sentido altruista del deber. Ya en su retiro, continuó aportando: trabajó un año en la Modern Hairstyling Institute y, posteriormente, tomó la decisión de ofrecerse como voluntaria en el Hospital HIMA San Pablo, hasta que asuntos de salud le indicaron el momento de descansar.
En el plano familiar, el 31 de diciembre de 1954 contrajo matrimonio con Juan Jaime Parga Cubano, a quien recordó siempre con amor. Compartieron una vida feliz y duradera por 33 años, hasta la partida de su amado esposo. De esa unión nació su hija, María Del Carmen Parga Kuilan, quien la cuidó con lealtad y entrega hasta sus últimos días, reflejando el mismo amor compasivo que Anaida sembró en su hogar.
Su vida también estuvo llena de intereses que revelaban su espíritu animado y su gracia natural. Su pasión era viajar; decía cada vez que veía un avión o iba al aeropuerto, que quería montarse en él, aunque fuera “en la maleta”. Disfrutaba la política y el casino, y tenía un talento especial para coser y cocinar, oficios que realizaba con esmero, como todo lo que emprendía.
En su compromiso comunitario, participó voluntariamente en el Hospital HIMA San Pablo, colaborando en el laboratorio, en la tienda y formando parte de la junta de voluntarios, donde se desempeñó como secretaria. Allí, como en tantos espacios de su vida, se distinguió por su atención a los demás y por una entrega generosa, discreta y constante.
Será recordada por los valores que inculcó y por la fortaleza con la que enfrentó cada etapa: valiente, fuerte, resiliente y comprensiva con sus seres queridos y conocidos. Incluso durante su enfermedad, en medio del delirio, daba clases y mandaba a callar a todo el mundo, dejando ver —con la misma autoridad y vocación de siempre— cuánto la habitaba su identidad de maestra.
Le sobrevive su hija: María Parga Kuilan.
La familia y sus seres queridos estuvieron siempre a su disposición. “Agradezco a todos mis familiares y vecinos por su colaboración, empatía y apoyo en sus últimos días.”
Servicios: Cremación Directa, en Crematorio Porta Coeli.
FAMILIA
María Parga Kuilanhija
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v.1.18.0