

La niñez de abuelita fue idilica junto a sus amados 8 hermanos y hermanas. Digo 8 para añadir a Juana, su hermana de crianza. La naturaleza fue su escenario principal, de ahi el amor por las frutas tropicales y las plantas.
Esa naturaleza magnánima, de flores y quebradas tambien tenia un lado oscuro- sus unicos dos miedos- los truenos y los gongolíes. Su historia sobre el Huracan San Ciriaco le dio contexto a Julia cuando vibo María.
Su Papa tuvo de los primeros carros en la comarca y a los 3 años tuvo un accidente que le fracturó un bracito. Ella estuvo desde los -3-5 años en el Ashford solita, pues no se permitían visitas prolongadas en esa época. Juana la visitaba para llevarle comida pero puedo imaginar a una niña resilelente y reflectiva.
Mi abuela creció en un mundo donde las clases sociales estaban segregadas en todo- en el cine, en el tren, en los bailes. Sin embargo sus afectos nunca se moldearon segun esas costumbres.
Juana era su “hermana de crianza” y según me contó, era una bebe de una mulata que vivia agregada en la finca donde trabajaba su papá. El padre ausente- le dejó dos esmeraldas por ojos. Juana fue adoptada en la casa y acogida como parte esencial de la familia.
Abuelita siempre me contó como le gustaba ver a su “mamita” vestirse, maquillarse, perfumarse y ataviarse con sombrero frente a la coqueta para ir al Viejo San Juan de compras. Su gusto por la moda viene de mamita y de su primo Johnny que le confeccionaba vestidos a la medida.
Cuando se mudó al pueblo de Bayamón comenzó a disfrutar la ciudad con sus hermanas, caminando por las plaza del pueblo conquistando miradas con sus abanicos de mano. En una de esas salidas conoció a su amado Alfredo, su eterno novio- quien estoy segura la vino a buscar este sabado, tal y como ella soñaba.
A mi abuela siempre le gustó trabajar al servicio de los demás. Su vocación por la educación y por el país la hizo unirse a sus 17 años al proyecto de alfabetización del gobierno. Su papá se oponía, pero su voluntad pudo más- iba en caballo a pueblos y comunidades rurales de Bayamón enseñando a la niñez a leer y escribir, llevaba ropa, zapatos y ropa, sacaba piojos, enseñaba asuntos de higiene personal y aspectos cívicos. Un dia tuvo que enfrentar a palos a un loquito que se metió en su salón rural. Hasta ahí los viajes en caballo. Pasó a ser maestra de primer grado de varias generaciones hasta su retiro.
Abuelita era el centro de una gran familia- todos los dias a las 3 pm el café en su casa con sus hermanos y hermanas. Tio Raul llevaba el pan y el jugo. Titi Adela, Titi Norma y Titi Millie, el cotilleo familiar. Cada seis meses venìa Titi Carmen desde Vemont. Las navidades en casa de Titi Norma, las visitas constantes a Tio Alberto y Tio Gory. El domino, las pokinadas, los campings en Combate y los viajes a Vermont. Ella no se perdía nada.
Ella era la mediadora y consejera de todos. En su casa había siempre una habitación para quien necesitara hospedarse. Recuerdo ir con las hermanas y Titi Awilda- su minga- a las floristerias, tiendas de tereques y antiguedades- ellas se la pasaban discutiendo cada asunto- politica, moda, chisme, familia- con incansable elocuencia.
Abuelita se retiró del magisterio en el 1978 para cuidar de mi abuelo y de mí. Desde entonces se dedicó a cuidar a sus nietos y a su familia.
Sus hijas, nietas, yernos y todas las hijas, nietas y yernos extendidos le debemos tanto su catedra de lectura, escritura, buenos modales y moda- a todos nos formó y nos dio disciplina, amor y ejemplo- bueno, a algunos mas que a otros- y aqui los que no se ponian en su sitio lo saben, porque ella lo dejaba saber.
Hoy despedimos a la matriarca de la familia Padilla Castillo y con ella celebramos el legado que ha dejado en todaa nuestras vidas. Que descanse en paz eterna junto a sus hombres amados: Al, Freddy, Jose Nicolas y junto a sus hermanos y hermanas en una gran fiesta en el cielo- se oyen desde acá los dominos y carcajadas
Con profundo respeto, se comunica el fallecimiento de Arminda Padilla Castillo, quien partió el 20 de junio de 2026, a la edad de 100 años. Nació el 4 de diciembre de 1925 en Toa Baja, Puerto Rico. Al momento de su fallecimiento, residía en San Juan, Puerto Rico.
Le sobreviven sus hijos: Arminda Hernández Padilla y Amelia Hernández Padilla, y su hijo Alfredo Hernández Padilla (Hijo (Q.D.E.P)).
FAMILIA
Arminda Hernández PadillaHija
Amelia Hernández PadillaHija
Alfredo Hernández PadillaHijo (Q.D.E.P)
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v.1.18.0