Con profundo recogimiento, recordamos la vida de Carmen Luisa Rivera Alicea, nacida el 10 de abril de 1965 en Bayamón, Puerto Rico, y fallecida el 13 de junio de 2026, a los 61 años. Su paso por este mundo dejó una huella serena y perdurable, hecha de ternura cotidiana, fortaleza silenciosa y una manera de estar que daba paz aun en los días difíciles.
Carmen Luisa fue, para quienes la conocieron, un refugio de bondad: una presencia compasiva que sabía escuchar sin prisa y acompañar sin condiciones. En su carácter se unían la paciencia y la sabiduría, como si la vida le hubiera enseñado a mirar con calma, a escoger la palabra justa y a sostener con firmeza lo que amaba. Su lealtad fue constante; su corazón, generoso; y su fe, una luz discreta que orientaba sus decisiones y su forma de cuidar a los suyos.
También hubo en ella un espíritu de aventura que no necesitaba estruendo para ser verdadero: una disposición valiente a seguir adelante, a abrirse camino con trabajo honrado y a levantarse una y otra vez con resiliencia. Fue trabajadora incansable y líder por naturaleza, de esas personas que inspiran no por imponerse, sino por servir, por dar el ejemplo y por mantenerse fiel a lo esencial. Por eso fue tan querida: porque su amor se notaba en lo simple, y su entrega se sentía en lo profundo.
Carmen Luisa residía en Guaynabo, Puerto Rico.
Le precedió en la muerte su padre, Julio Rivera. Le sobreviven su madre, Luisa Alicea; su esposo, Rafael Viera Hernández; su hermana, Keila Dávila Alicea; y su hermano, Julio A.
Que su memoria permanezca como permanece lo verdadero: en la gratitud de quienes recibieron su cuidado, en el eco de sus enseñanzas, y en el amor —devoto y fiel— que supo sembrar a lo largo de su vida.