

Nacida en Jayuya, Puerto Rico la vida de nuestra amada madre estuvo marcada por el amor a su familia y su caminar por la vida sembrando bondad. Nos enseñó que el amor verdadero no se mide en palabras, sino en actos. Nos enseñó a amar a Dios. Fue una creyente ferviente y servidora en la Iglesia Adventista del Séptimo Día.
A temprana edad Mamá se mudó con sus padres José Cordero y Zoila Ojeda, tres hermanos y cuatro hermanas a San Juan, Puerto Rico donde estudió y también trabajó para asistir a sus padres y para costear sus estudios. Le gustaba jugar "Softball", "Volleyball" y baloncesto. Esta habilidad luego le sirvió para jugar con su primer bisnieto lanzándole una pelota.
En San Juan conoció a Ismael Valenzuela con quien se casó y proceraron dos hijos, Ismael Jr. y Yadira. Se dedicó amorosamente al cuidado de sus hijos. En su juventud fue hija de María y luego enseñó catecismo a los niños de la calle en Santa Juanita, Bayamón donde vivía. Asistió a su hermana mayor en el colegio privado del que era dueña. Ejerció como asistente administrativo en una oficina médica, pero su más noble desempeño fue su dedicación asistiendo al cuidado de sus sobrinos quienes la consideran como una segunda madre.
Bendecida por Dios con el don innato de costura y diseño, Gladys confeccionó el vestido nupcial no solo de su hija sino de varias sobrinas. También le cosió ropa a su hijo, su esposo, sobrinas y a sus tres nietos.
Le gustaba sembrar y cultivar. Más aún se regocijaba en compartir su cosecha con familiares y amistades y hasta cocinar para obsequiarle a otros. Sus amigas y vecinas en Guaynabo, Puerto Rico esperaban con gusto el plato de arroz con dulce y el flan de pana entre otros. Sus sobrinos tenían comidas favoritas preparadas por "Titi Gladys" tales como las habichuelas guisadas y las albóndigas.
Al nacer sus tres nietos, Darius, Byron y Ray Ishmael, ella viajaba constantemente desde Puerto Rico a los Estados Unidos junto a su amoroso esposo para ayudar con la crianza y disfrutar con sus nietos. Jugaba con ellos, les cosía ropa, los acompañaba a la iglesia, celebraba con ellos sus cumpleaños, graduaciones, bautismos y otros momentos significativos. A Abuela Gladys y Abuelo Ismael les encantaba recibir a sus nietos en Puerto Rico.
Ante el fallecimiento el 24 de febrero del 2013 de quien fuera su preciado esposo por más de 50 años, Gladys vino a vivir con sus hijos en New Hampshire. Atendía el hogar mientras sus hijos trabajaban. Tanto en la Iglesia Adventista Hispana como en la Norte Americana la llamaban cariñosamente "Mamá". Los vecinos también la llegaron a querer mucho. Sus hijos le prepararon un invernadero donde ella pudo sembrar y cultivar incluso otros frutos y vegetales que no crecen en Puerto Rico. Gladys hablaba de lo mucho que le gustaba pasear. Disfrutó mucho el viaje en crucero que hizo con su amado esposo y luego con sus hijos quienes la llevaron a otro crucero.
Dios obró muchos milagros en la salud de Mamá. Cuando los médicos se daban por vencidos, por la gracia de Dios, las oraciones fervientes de muchos y el cuidado amoroso y constante de sus hijos, ella se recuperaba. A pesar de su delicada salud, su anhelo vehemente de ver a sus nietos con sus esposas y a sus tres bisnietos, fue hacia el sur de los Estados Unidos para compartir con ellos. Pero la trayectoria se interrumpió en el hospital en Florida porque se enfermó con COVID, decayó su salud y aunque batalló heróicamente por más de tres meses, Dios la llamó al decanso el sábado 23 de enero del 2026. Durante esta jornada en la Florida Dios estuvo con ella y envió ángeles a su alrededor. Hasta un médico Levita, descendiente de la tribu sacerdotal bíblica de Levi la atendió. Este fue el único médico que cuando los otros la desahuciaron, señalando hacia arriba con un dedo dijo que es Dios quien decide y estaba orando por ella. Dos semanas después Mamá continuaba viva y recuperándose.
Su vida la dedicó al cuidado de otros, asistiendo ante la enfermedad a su madre, hermanas y hermanos, suegros, sobrinas, hijas de sobrinas, llegando a ser en ocasiones el último contacto amoroso antes de fallecer el ser querido. Su amor, fervor y deseo de ayudar a la familia siempre estuvo presente en su vida.
"Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" Filipenses 4:13.
FAMILIA
Ismael ValenzuelaHijo
Gladys Yadira ValenzuelaHija
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v.1.18.0