Residía en Naranjito, Puerto Rico. Su partida deja un silencio inmenso, pero también una huella clara: la de una mujer querida, valiente y leal, cuya presencia se sentía como refugio y cuya risa sabía abrir espacio aun en los días más difíciles.
Quienes la conocieron saben que Haleymarie vivió su vida una aventura a la vez. En esa manera de caminar el mundo se notaban su coraje y su curiosidad, una fuerza serena que no se rendía con facilidad.
Fue trabajadora y resiliente, de esas personas que se levantan una y otra vez, con honestidad y con el corazón por delante. Y, a la vez, tuvo una forma generosa de estar para los demás: con bondad, con entrega, y con esa mezcla tan suya—media compasiva y sabia algunas veces—que hacía sentir a otros comprendidos y acompañados.
También buscaba el humor en toda situación. No era una ligereza vacía, sino una manera íntima de cuidar: una chispa oportuna, una mirada que aliviaba, una sonrisa que recordaba que incluso en medio de lo duro todavía se puede respirar.
Ese espíritu, tan humano y cercano, seguirá viviendo en quienes aprendieron de ella a mirar la vida con más ternura y con más valor.
Le sobreviven sus Padres, Wilfredo y Maria; su Esposo, Rafael; su Hijo, Eriam; su Hija, Mia Sophia; sus hermanos, Jonathan, Wilfredo, Ivelisse y Judith; y su abuelita Aidee y sus 3 sobrinos. Gaby, Ethan y Hermione.
La familia expresa su más sincero agradecimiento a todos su familiares, amigos y miembros de Iglesia de Dios MB Tabernáculo del Consolador, por el cariño, el apoyo y la compañía brindados.
En cada gesto de solidaridad se honra la memoria de Haleymarie, tan amada, tan luminosa en su manera de dar, y tan inolvidable en su forma de querer.
Gracias por su ayuda, en vez de flores le pedimos su cooperación via ATH Movil número 939-439-5139.