

El 17 de julio de 1971, bajó del cielo un angelito al hogar que hacía tres años habían formado Aidita y Raúl. Era una criatura diminuta de apenas 5 libras, pero sus expresivos ojos, atentos a su alrededor fueron un presagio de su deseo de conocer, apreciar y amar la vida misma.
Desde temprana edad se hizo notar. No existían retos imposibles, aun con el sueño peleaba y cualquiera que fuera su meta, la intentaba con firmeza y perseverancia. Fue un hijo respetuoso, amoroso y aplicado. Como joven, las actividades en la Colonia, sus tertulias en La Salle y su amor por los deportes, en especial el baloncesto, le mantuvieron ocupado. Nunca tomo en serio ser atleta, pero era el más ferviente admirador y fanático. SU alegría contagiosa y su empatía con todos le permitieron cultivar las más leales amistades.
Su corazón quedo prendado por Ivis, un amor que atesoro cada día con fervor y dedicación. Un amor que entrelazo dos vidas en una relación indeleble. Ese amor le permitió crecer como hombre, esposo, padre y abuelo. Inculco a su prole sus más importantes valores: integridad, honestidad, lealtad, generosidad, amor al prójimo, fe en Dios y orgullo de la tierra que lo vio nacer. Sus hijos Aidsali, Valerie, José Raúl y Marisabel. Hoy honran esos valores y los continuaran diseminando a sus nietos Ethan y Kinnly.
En su camino derribo muchos obstáculos: Lesiones, caídas, operaciones, estudios post graduados, cambios de empleo, entre otros. Siempre sonriendo, con su sarcasmo característico y una que otra palabra soez, enfrentaba lo que fuera y nunca se rendía. Vivió días eternos, ya que se las arreglaba para estar en todo y para todos. Todos consultaron al gurú de las comunicaciones, al experto en evaluarlo que queríamos comprar, a quien todo lo sabía y si no lo sabía, lo inventaba. Resaltaba lo bueno de cada uno y como consejero y motivador, no tenía igual. Su espíritu compasivo, generoso y jovial le permitía compartir con todos sin importar las edades
Cuarenta y cinco años después de haber bajado del cielo ese ángel, ya no tan pequeño, fue reclamado por el Altísimo. Nuestro mundo necesita muchos Ángeles como Raulito, Rúalo, José Raúl, Junior, Papa, Raulí, Sapo, Sapito, José, Brother o Hermano. Son ángeles que nos acompañan en la vida y más allá de la eternidad.
Durante su breve enfermedad lucho como siempre, lo hizo con una sonrisa a flor de piel y la compañía de familiares y amigos. Sin embargo, llegado el momento, acepto cambiar su morada agradecido por lo logrado y convencido de que su espíritu vivirá eternamente en sus corazones y cuando pensemos que por alguna circunstancia “Eso no se puede”, nos repetirá al oído:“Claro que si se puede…”
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v.1.18.0