

Hombre de presencia serena y trato atento, José Arturo fue recordado por su corazón generoso y su manera compasiva de estar para los suyos y para los demás. Con una honestidad firme y una lealtad que se sentía en lo cotidiano, supo sostener a su familia con trabajo constante, resiliencia y una sabiduría sencilla, de esas que se demuestran más con acciones que con palabras. Aun en la formalidad de los días, nunca le faltó esa gracia natural que aligeraba el ambiente y acercaba a la gente.
Natural de Guaynabo, se decía con cariño que era de los pocos que tenían un carro, y que muchas muchachas del pueblo buscaban su atención. Ese recuerdo, contado con afecto, habla de una época y de un hombre que caminaba con discreción, pero dejando huella.
Fue litógrafo y también Veterano de la guerra de Korea. Le encantaba crear y arreglar, ingenioso con lo que tuviera a mano: bastaban materiales conseguidos en la casa para resolver, construir o mejorar algo. Guardaba todo “por si lo necesitaba luego”… y, como tantas personas prácticas y ocupadas, a veces no recordaba dónde lo había guardado. En esa mezcla de previsión y humor cotidiano, se asomaba su carácter trabajador y su espíritu siempre dispuesto.
Su familia fue lo más importante. Fue padre de tres hijas: Zoraida Rosado, Glori Rosado y Helga Rosado. Con ellas y con su esposa, fue un padre alcahuete en el mejor sentido: cercano, protector, y casi incapaz de decir que no cuando le pedían que las llevara a algún sitio. Siempre estaba preocupado por el bienestar y la seguridad de los suyos, con esa fidelidad tranquila que se convierte en hogar.
Entre sus intereses, el impreso fue más que un oficio: fue un pasatiempo y un orgullo, junto al deseo de tener su propio negocio. Y, aun así, lo que más lo distinguía era su inclinación altruista: hacía favores, muchos, sin esperar nada a cambio. No había vecino al que no ayudara; su bondad se extendía más allá de la puerta de su casa, con una mano lista y un corazón dispuesto.
La familia expresa un agradecimiento profundo a cuatro “angelitos” que lograron que sus últimos años fueran cómodos, felices y alegres, y que además le proveían los chismes que tanto le encantaba oír. No hay palabras suficiente para agradecerles: Mildred, Ana, Jeniffer y Enid nunca las olvidaremos.
Sus frases quedan como eco entrañable y presencia viva: “Estoy Vivo”, “Hay Cafe”, “Hija Mia”.
Los servicios fúnebres se llevarán a cabo en Funeraria Alvarez Memorial, Bayamon, PR, Servicio Funeral Capilla 7, el 4 de junio de 2026, de 1:00 pm a 10:00 pm. El sepelio será en el Cementerio Nacional, Morovis, el 5 de junio de 2026 a las 9:00 am.
FAMILIA
Zoraida RosadoHija
Glori RosadoHija
Helga RosadoHija
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v.1.18.0