Laura fue una persona profundamente querida, recordada por su manera compasiva de estar presente para los demás y por la calidez serena con la que acompañaba a quienes la rodeaban. En su trato se reflejaban la gentileza y un corazón bondadoso, cualidades que dejaban huella en lo cotidiano y convertían los momentos simples en recuerdos perdurables.
A lo largo de su vida, Laura se distinguió por su entrega constante y su espíritu trabajador, afrontando cada etapa con dedicación y una fortaleza discreta. Su sabiduría, unida a una forma especialmente considerada de escuchar y comprender, fue guía y consuelo para muchos, y seguirá siendo parte de su legado.
Laura residía en Orlando, Florida. Le sobreviven sus hijos: Ana L. Méndez Velázquez, Marcos Antonio Claudio Velázquez y Olidez Claudio Velázquez.