OBITUARIO

Luis Antonio Villanueva Guilbert

6 julio , 19299 enero , 2019
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El Sr. Luis Antonio Villanueva Guilbert nació el 6 de Julio de 1929 en el pueblo de Ponce tristemente falleció el 9 de enero de 2019 a sus 89 años. El Servicio Funeral será en la Funeraria Alvarez Memorial el jueves 10 de enero de 2019 a partir de las 3:00pm. Su último adiós será en el Cementerio Nacional en Bayamón saliendo de la Funeraria a las 12:00 del medio día.

La familia estará muy agardecida de sus condolencias, recuerdos y oraciones.

Para detalles adicionales se pueden comunicar a la Funeraria Alvarez al 787-785-3400 estamos para servirle siempre.

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  • Sepelio viernes, 11 de enero, 2019
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Luis Antonio Villanueva Guilbert

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Biografía

Luis Antonio Villanueva Guilbert nació en la ciudad de Ponce el 6 de julio de 1929 en sector conocido como “Cuatro Calles". Su madre fue Carmen Mercedes Guilbert y su papá era Luis A. Villanueva. Se crió a muy poca distancia de la legendaria Ceiba de Ponce con sus hermanos. Eran un total de 7 hermanos varones y la mas pequeña, Milagros. A corta edad a mediados de los años 30 el y sus hermanos emigraron con su mamá a Nueva York. Al unirse su hermano mayor, Raúl a la Marina de Estados Unidos, Luis asumió el rol de proteger y ayudar a su mamá y hermanos menores.
Estudió hasta noveno grado y luego tomó un curso de electrónica de Radio y Televisión que le sirvió mucho cuando fue enviado a formar parte de la Guerra de Korea. Su tarea de mantener los radios en operación requirió que estuviera ocupado en esos menesteres y no estuviera en el frente de guerra.
En el 1950, conoció y se casó en Nueva York, con su esposa, Luz María Colón. Su primera hija, Nancy nació en esa ciudad. Una vez licenciado del ejército de Estados Unidos trabajó con Olympic Radio and Televisión haciendo reparaciones de radios y televisión. En 1956 deciden regresar a Puerto Rico y estudia electrónica en la escuela Vocacional Miguel Such mientras mantenía su taller de arreglo de televisores y radios. En 1959 se compra su primera casa en Campo Alegre, Bayamón donde vivió hasta el 2015. Al principio de los 60’s trabajó en la Puerto Rico Telephone Company con los sistemas de llamadas de larga distancia. Ya en 1968 comenzó a trabajar en RCA Communications como Técnico de Comunicaciones, donde se encargaba de sistemas de teletipos, sistemas vitales para la comunicación en aspectos de noticias, transacciones comerciales y bancarias. Don Luis estuvo activamente trabajando en las instalaciones de sistemas que utilizaban cables submarinos para ofrecer comunicaciones más rápidas con Estados Unidos y Europa. Fue también la época en que comenzaban a utilizarse radares para las comunicaciones de instalaciones militares, por lo que Don Luis tenía que trasladarse muchas veces a Cayey a dar mantenimiento a los sistemas de radares ubicados en el valle de Cayey.
Eventualmente, la RCA Communications fue adquirida en los 70’s por la General Electric y fue de allí que se jubiló en 1989. Don Luis siempre se sintió orgulloso de que su hijo Luis Enrique siguiera sus pasos interesándose en las profesiones relacionadas a electrónica y las comunicaciones y que actualmente trabaje con General Electric, compañía de la cual Don Luis se jubiló.
En su empeño de proteger su familia y darle formación era un padre estricto. Pero ofrecía a sus hijas e hijo las libertades y apoyo necesario para siguieran sus caminos. A través de don Luis aprendieron lo que era respeto, honestidad y responsabilidad, ante todo en los estudios y el trabajo. Enfatizaba mucho lo importante que era el que estudiáramos, posiblemente porque el mismo hubiese querido estudiar mas allá de noveno grado. En una ocasión hizo el sacrificio económico de comprar una enciclopedia y pagarla por mas de un año. Aquella Enciclopedia Cumbre convirtió a nuestra casa en la biblioteca vecinal. Esto fue un apoyo crucial para que sus tres hijos estudiaran diversas carreras. Nos enseñó a vivir con lo disponible y al ser conservador con sus gastos buscaba las mejores ofertas, algo por lo cual sus amigos lo embromaban. Con esa práctica, buscaba asegurar el bienestar de su familia. Definitivamente su hogar era su castillo y tan pronto salía de su trabajo enfilaba directamente a su casa. Prefería estar allí, antes que socializar en la calle, cosa que nuestra mamá le recriminaba porque contrario a el, ella era muy gregaria y andariega. Por décadas hizo con sus propias manos las mejoras y arreglos del hogar. Era el perfecto “handyman”, tanto en nuestra casa como en las de vecinos y amigos. Al principio de los sesenta, se le ocurrió hincar un pozo en el patio. Alli involucró a Don Juan, Don Pastor y otros vecinos barrenando el suelo a mano. Ese pozo nos daba agua a través de una bomba y resolvió a muchos que hacían fila con sus cubos en la famosa sequía del 1964.
Le encantaban las nuevas tecnologías y los “gadgets”, nuestra casa fue la primera en tener un televisor en color en el vecindario-todo un evento- y había toda suerte de cosas electrónicas. Ya en su jubilación asumió las computadoras de forma natural y en ocasiones en las noches “chateaba” con su hija Nancy que siempre estaba “pegada” en su computadora escribiendo. Le encantaban sus cámaras digitales. Inventaba cosas, si no las conseguía las construía con lo que apareciera. ¿Quién no recuerda su famoso gancho de sombreros?
Fue abuelo amoroso y se disfrutó al máximo los momentos que compartió con sus nietas y nieto. Fue lo alcahuete que no era con sus hijos. Se disfrutó en especial a Amanda y Alex Daniel porque disfrutaba quedarse con ellos encasa de Lucy y amanecer con ellos en el sofá.
En sus últimos años con su visión y memoria afectada se convirtió en el querendón de sus cuidadoras. Adoraba los dulces, algo de lo que podía disfrutar por no ser diabético. El Don Luis de estos últimos tiempos siempre desplegaba buen humor. Inclusive mostró un talento que tenía oculto, cantar e inventar décimas graciosas de las que el se reía solo. Además a cualquier situación le hacia un comentario jocoso. También mostró gran afición a los sombreros, cosa que sus cuidadores y familiares aprovechaban para asi llevarle sombreros de regalos. En esta etapa de su vida solo quisimos que tuviera el mejor cuido y atención, porque Don Luis trabajó muy duro desde muy joven, nunca tuvo pausa, pues nunca faltaba a su trabajo. Como el quería disfrutó el fruto de su trabajo. Eso era lo justo. Ahora le toca lo mejor: Descansa en paz Don Luis, ¡ TU lo mereces!