Desde sus primeros años, su vida estuvo marcada por la constancia y el propósito. Natural de Aguadilla, realizó un bachillerato en educación, camino que abrazó con disciplina y entrega, como quien entiende que enseñar es también sembrar futuro con paciencia y fe.
Durante 30 años fue maestra en el Departamento de Educación, sosteniendo su vocación con un trabajo incansable y una dedicación que se notaba en lo cotidiano: en la responsabilidad, en el cuidado, en esa forma serena de estar para los demás.
En su trato, predominaba una gentileza firme; en su carácter, una generosidad que no pedía aplausos. Y, aun en los días más exigentes, encontraba espacio para el humor: esa luz sencilla que alivia, que acerca, que hace hogar.
Fue viuda de William Gerena Aquino (fallecido) su esposo y compañero de vida por más de 40 años. En su familia dejó una huella profunda, hecha de amor y presencia, de devoción silenciosa y afecto constante. Le sobreviven sus hijos: David Gerena Muñíz y William Gerena Muñiz, y su hija Yadil Gerena Muñiz.
María Lydia fue, para quienes la conocieron, una mujer querida y atesorada: de esas personas cuya bondad se recuerda sin esfuerzo, porque se sintió de verdad.
Su ausencia duele, pero su memoria permanece—suave y luminosa—en cada gesto aprendido, en cada risa compartida, en cada recuerdo que sigue acompañando.