

María Luz Leída Rivera Ortíz, nacida el 4 de junio de 1932 en Adjuntas, Puerto Rico, falleció el 23 de agosto de 2026 a los 94 años. Su vida fue un testimonio de entrega constante, de fe firme y de una dedicación incansable a los suyos, dejando una huella serena y profunda en cada persona que tuvo el privilegio de conocerla. Residía en Bayamon, Bayamón.
Desde sus primeros años, María Luz mostró una voluntad admirable para superarse. Realizó sus cursos elementales en Adjuntas, P.R., y más adelante completó su Diploma de Escuela Superior mediante exámenes libres en Hato Rey, P.R., cuando ya era abuela—un logro que habló, sin necesidad de alardes, de su disciplina, su fortaleza y su deseo de seguir creciendo. Anhelaba continuar estudios de enfermería pediátrica, reflejo de su vocación de cuidado y su mirada generosa hacia los demás.
Su trayectoria laboral también estuvo marcada por el trabajo honrado y la constancia. Comenzó como obrera de *piece work* haciendo muñecas, luego laboró como costurera en NY, y más adelante se dedicó a cuidar niños. Finalmente, volcó su energía al hogar, a sus nietos y a su rol de ama de casa, con esa lealtad cotidiana que sostiene familias enteras sin pedir reconocimiento.
Estuvo casada con Joseph Pergola Macaluso. Fue madre de siete hijos: Ednita, Damaris, Jo Nancy, Maribelle, Joseph, Richard y Lorraine. Disfrutó de sus 14 nietos y 8 biznietos, a quienes acompañó con una presencia fiel, un amor amplio y una entrega que se expresaba tanto en los grandes gestos como en los detalles de cada día.
Cultivar la tierra, la costura y la cocina fueron sus pasiones. Le gustaba cosechar para alimentar a familiares, vecinos y amigos, compartiendo con naturalidad lo que tenía y lo que sabía. También disfrutaba de la música, de buenas novelas y, más recientemente, de montar rompecabezas—una afición que parecía reflejar su paciencia y su sabiduría tranquila.
Su fe fue una brújula constante. Diariamente rezaba el Rosario; era devota de la Virgen. Y cuando por alguna razón no lo rezaba un día, decía con su característico sentido del humor: “manana rezo dos”. Encendía velas a la Virgen cada vez que alguno de sus hijos, nietos o familiares tenía en agenda algún examen o entrevista, sosteniéndolos con oración y esperanza.
Quienes la conocieron recuerdan también su esmero y su generosidad: era limpia, y en las Navidades obsequiaba arroz con dulce y pasteles, compartiendo tradición y cariño en forma de alimento y encuentro. Y, como parte de su legado más humano, quedan sus frases, dichas con gracia y firmeza: “El que espera lo más, espera lo menos”; “La cama es para la noche”; y, en tiempos recientes, cuando se le exhortaba a comer, afirmaba con una sonrisa: “Yo solo tengo una barriga.”
Entre sus anécdotas, se conserva una que retrata su temple y su picardía: se aclaró que no se marcó “Honesta” al describirla, no porque le faltara integridad, sino por aquella rifa en NY de un cuatro en la que, aunque casi todos los números se vendieron y el sorteo se realizó en la fecha indicada, “Nadie se llevó el instrumento...” y el cuatro permaneció en casa. ¡ERA TREMENDA! En ese recuerdo vive también su carácter valiente y su manera singular—y entrañable—de enfrentar la vida.
La familia expresa gratitud por el amor y el cuidado recibido. Oliva Rivera Ortiz, su hermana menor, estuvo atenta y cuidó de ella regularmente. Sus buenos vecinos Cucho, Gloria, Cynthia, Tito, María y Nereida la visitaban y estuvieron pendientes de ella, acompañándola con afecto y presencia.
Los servicios funerarios se llevarán a cabo en Funeraria Álvarez Memorial, el 30 de agosto de 2026, de 1:30 pm a 10:00 pm. El sepelio será en Cementerio Porta Coeli el 31 de agosto de 2026 a la 1:45 pm.
María Luz será recordada como una mujer amada y querida, devota y fiel, trabajadora y dedicada, generosa, resiliente e inspiradora. Su vida, sostenida por la fe y enriquecida por el servicio silencioso, deja una herencia de amor que permanece.
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v.1.18.0