A lo largo de su vida, Regina fue para quienes la conocieron una presencia entrañable y querida, recordada por su bondad serena y su trato gentil. En su manera de vivir se reflejaron la compasión y la generosidad, siempre dispuesta a dar de sí con desprendimiento y consideración por los demás.
Su honestidad y sabiduría guiaron su camino, y su paciencia —constante y firme— dejó una huella de calma y confianza.
Con la fortaleza de quien enfrenta la vida con valentía, Regina mostró una resiliencia admirable y una capacidad de seguir adelante aun en los momentos difíciles. Fue trabajadora incansable, dedicada con esmero a lo que la vida le puso por delante, y supo sostener a los suyos con una entrega silenciosa, pero profunda. También se la recordará por ese espíritu de aventura que, con coraje y curiosidad, la acompañó a lo largo de los años.
Regina residía en Bayamón. Su memoria permanece con gratitud en el corazón de su familia: sus hijas, Socorro Santos Ruiz, Sonia N. Santos Ruiz, Nereida Santos Ruiz, Evelyn Santos Ruiz y Rosa M. Santos Ruiz; y sus hijos, Julio Santos Ruiz y Victor M. Santos Ruiz.
Que su legado de amor, generosidad y fortaleza continúe inspirando a quienes tuvieron el privilegio de compartir su vida.