

Con profundo respeto, se comunica el fallecimiento de Santa Pantoja Rivera, quien nació el 28 de mayo de 1933 en Vega Alta, Puerto Rico, y partió el 21 de julio de 2026, a los 93 años. Residía en Bayamon, Puerto Rico. Su vida dejó una huella serena y firme, marcada por la entrega, la lealtad y una bondad constante que se hacía sentir en lo cotidiano y en lo esencial.
En sus primeros años, compartió la niñez junto a sus hermanos y cursó sus grados en la escuela elemental del pueblo de Vega Alta. Desde entonces, se distinguió por una sensibilidad especial para el trabajo hecho con esmero: aprendió la costura de su madre y demostró talento en todo lo que cosía. También brilló con destreza en la elaboración de bizcochos y en el trabajo de flores, dones que hablaban de su paciencia, su buen gusto y su generosidad al crear para otros.
En su vida familiar, Santa fue sostén y punto de encuentro. Se entregó a los suyos con determinación y cariño, procurando mantener a la familia unida en ocasiones especiales como cumpleaños, Navidad y toda celebración que convocara a estar juntos. En esa constancia se reflejaban su corazón compasivo, su carácter firme y su manera honesta de amar: con presencia, con cuidado y con fidelidad.
Durante sus años de retiro, dedicó tiempo a viajar junto a su hermana más pequeña, Carmen Pantoja; fueron compañeras de aventuras, unidas por una valentía tranquila y una alegría de descubrir. También consagró esos años a cuidar a sus cuatro nietos, con una ternura paciente y una fortaleza resiliente que acompañaba sin imponerse.
Entre sus intereses más queridos, la costura ocupó un lugar especial: montaba sus modelos a través de sus patrones, con la precisión de quien trabaja con orgullo y dedicación. Y tuvo un afecto particular por sus plantas de rosas, a las que cuidó con constancia hasta que enfermó, reflejando en ese gesto su naturaleza gentil y su manera de proteger lo que amaba.
En la comunidad de fe, Santa fue una de las fundadoras de la Iglesia Discípulo de Cristo en Royal Town, donde estuvo activa por muchos años. Asumió responsabilidades como manejadora de proyectos y actividades, sirviendo con espíritu trabajador, sabiduría práctica y un compromiso fiel que inspiraba confianza.
Le sobreviven sus hijas, Janet Fournier Pantoja y Lysandra Fournier Pantoja. La familia expresa gratitud a sus nietos Annly, Alejandro, Tony Jr., Yahaira y Melissa, y un agradecimiento profundo a su yerno Tony Santiago, quien apoyó a ambas hijas en su cuidado.
Servicio Funeral.
Sepelio en el Cementerio Viejo Municipal en Vega Alta.
Como palabras que quedan en la memoria y resumen su temple, se comparten estas expresiones: “ No se dice aguanta, se dice sujeta” y “ Todas para una y una para todas”. En ellas se reconoce a una mujer amada y querida, de espíritu servicial y generoso, cuya presencia seguirá siendo un legado de fortaleza compasiva y amor fiel.
FAMILIA
Janet Fournier Pantojahija
Lysandra Fournier Pantojahija
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v.1.18.0