El miro que estaba cansado y que cura no había y puso sus brazos a su alrededor y le dijo al oído “ven conmigo”. Con ojos llorosos lo vimos sufrir y lentamente se fue yendo, aunque lo amamos profundamente no lo podíamos detener. Ahora su sonrisa se ha ido para siempre. Sus manos no podremos
tocar, nosotros siempre tendremos bonitas memorias,de alguien que amamos mucho. Un Corazón de oro ha parado de latir, unas manos trabajadoras han descansado. Dios ha quebrantado nuestros corazones para probarnos una vez más que...
“EL SIEMPRE SE LLEVA LO MEJOR”