

(se repite abajo en español)
Jorge Soto Alfaro was born on September 27, 1947, in Sayula, Jalisco, Mexico, a town that once stood at the crossroads of the Mexican Revolution.
A civil engineer by training, Jorge built more than roads, bridges, and schools. He built a life anchored in integrity, justice, and care for the Earth. He created his own construction company, Oikos, from the Greek word for “home,” a reminder that the planet is our shared household, and lived his values through his work. He also founded the Asociación Ecologista de Baja California, an environmental organization that mobilized neighbors and successfully stopped a chemical waste plant from polluting the shores of Rosarito and Playas de Tijuana. This effort became central to his legacy as an environmentalist.
Jorge loved poetry and quoting philosophers.
One of his favorites was Søren Kierkegaard’s reminder that “Life can only be understood backwards; but it must be lived forwards.” He cherished and embodied that paradox, always reflecting and moving forward with grace and resilience.
He lived a simple life. He had few possessions, but among them were mountains of books, pages of poems, and handwritten notes filled with reflections. He once described his own life in his memoir, De Zapotlán a San Diego as “la frugalidad de mi experiencia de vida” or “The frugality of my life experience.” To those who knew him, his simplicity was not emptiness but rather the fullness of a man rooted in wisdom, virtue, and humility.
To his family and friends, he was Papucho, a gentle, generous man who taught through example. He believed in service to others, in compassion, in acceptance without condition, in helping without expecting something back. He supported his children’s dreams rather than imposing his own, showing them that integrity is lived, not preached. He found joy in life’s small pleasures, whether running long distances, reading endlessly, or singing or dancing to boleros or rancheras in the living room. He was deeply committed to his family and treasured time with them. Nothing brought him greater happiness than being with his children and grandchildren.
Parkinson’s disease challenged Jorge in his later years, taking from him his mobility, his speech, and much of his independence. Yet it never dimmed his spirit. On good days, he rose from his chair, danced, and sang, defying the illness whenever he could. When asked how he endured, he offered a simple truth: “We all have our own journey to live. This is my journey. And it is along this path, and only along this path, where I will find true light.”
Jorge is survived by his devoted wife of more than 50 years, Yolanda Soto, his children Jorge, Hiram, Erick, Alejandro, and Ana Esther, and his grandchildren Nicholas Jordan, Daniela, Camila, Alessandra, Lucas, Christiana Joy, Ryan, and Felix. He is also survived by his siblings Elva, Bertha, and Ramón, along with many relatives and friends who cherished him. He was a loving son, brother, father, husband, grandfather and a beautiful friend. He shared his love with humanity.
To the world, he was an engineer, an environmentalist, and a writer. To those who knew him, he was Papucho, a man who lived simply, thought deeply, and showed us that wisdom is quiet and lasting. His true legacy is the sense of justice he instilled, the compassion he practiced, and the quiet light he left behind. May he rest in power. Jorge Soto Alfaro, PRESENTE!!
Jorge Soto Alfaro – Obituario en español
Jorge Soto Alfaro nació el 27 de septiembre de 1947 en Sayula, Jalisco, México, un pueblo que alguna vez estuvo en la encrucijada de la Revolución Mexicana.
Ingeniero civil de profesión, Jorge construyó más que caminos, puentes y escuelas. Forjó una vida anclada en la integridad, la justicia y el cuidado de la Tierra. Creó su propia empresa constructora, Oikos, del griego que significa “hogar”, un recordatorio de que el planeta es la casa común de todos, y vivió sus valores a través de su trabajo. También fundó la Asociación Ecologista de Baja California, una organización ambiental que movilizó a vecinos y logró detener la instalación de una planta de desechos químicos que hubiera contaminado las costas de Rosarito y Playas de Tijuana. Este esfuerzo se convirtió en parte esencial de su legado como ambientalista.
Jorge amaba la poesía y las citas de filósofos. Una de sus favoritas era la de Søren Kierkegaard: “La vida solo puede ser comprendida mirando hacia atrás; pero debe ser vivida mirando hacia adelante.” Él encarnó esa paradoja, siempre reflexionando y avanzando con gracia y resiliencia.
Vivió una vida sencilla. Tenía pocas pertenencias, pero entre ellas se encontraban montañas de libros, páginas de poemas y cuadernos con pensamientos escritos a mano. En su libro de memorias, De Zapotlán a San Diego, describió su vida como “la frugalidad de mi experiencia de vida”. Para quienes lo conocieron, esa sencillez no era vacío, sino la plenitud de un hombre arraigado en la sabiduría, la virtud y la humildad.
Para su familia y amigos fue Papucho, un hombre amable y generoso que enseñaba con el ejemplo. Creía en el servicio a los demás, en la compasión, en la aceptación sin condiciones, en ayudar sin esperar nada a cambio. Apoyó los sueños de sus hijos en lugar de imponer los suyos, mostrando que la integridad se vive, no se predica. Encontraba alegría en los pequeños placeres de la vida, ya fuera corriendo largas distancias, leyendo sin descanso o cantando y bailando boleros o rancheras en la sala. Estaba profundamente comprometido con su familia y valoraba cada momento con ellos. Nada le daba mayor felicidad que estar con sus hijos y nietos.
La enfermedad de Parkinson desafió a Jorge en sus últimos años, arrebatándole movilidad, habla y gran parte de su independencia. Sin embargo, nunca apagó su espíritu. En los días buenos, se levantaba de su silla, bailaba y cantaba, desafiando la enfermedad siempre que podía. Cuando le preguntaron cómo soportaba, ofreció una verdad sencilla: “Cada uno de nosotros tiene su propio camino que recorrer. Este es mi camino. Y es en este camino, y solo en este camino, donde encontraré la verdadera luz.”
Jorge deja a su esposa Yolanda Soto, con quien compartió más de 50 años, a sus hijos Jorge, Hiram, Erick, Alejandro y Ana Esther, y a sus nietos Nicholas Jordan, Daniela, Camila, Alessandra, Lucas, Christiana Joy, Ryan y Felix. También lo sobreviven sus hermanos Elva, Bertha y Ramón, así como numerosos familiares y amigos que lo apreciaron profundamente. Fue un hijo, hermano, padre, esposo, abuelo y un hermoso amigo lleno de amor. Compartió ese amor con la humanidad.
Para el mundo, fue ingeniero, ambientalista y escritor. Para quienes lo conocieron, fue Papucho, un hombre que vivió con sencillez, pensó con profundidad y mostró que la sabiduría es silenciosa y perdurable. Su verdadero legado es el sentido de justicia que sembró, la compasión que practicó y la luz serena que dejó a su paso. Que descanse en poder. ¡Jorge Soto Alfaro, PRESENTE!
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v.1.18.0