A lo largo de su vida, Nicolás fue un hombre de palabra y de trabajo constante, de esos que se ganan el cariño con hechos sencillos y firmes. Su honestidad se reflejaba en la manera directa y limpia con la que vivía; su esfuerzo incansable, en la entrega diaria con la que sostuvo a los suyos. Fue también generoso: siempre dispuesto a tender la mano, atento a las necesidades de los demás, y presente cuando se le necesitaba.Disfrutaba profundamente de la naturaleza, y encontraba alegría en el fútbol y el boxeo, aficiones que acompañaron su carácter decidido y su espíritu de aventura. En los momentos difíciles, mostró una resiliencia admirable, avanzando con fortaleza y humildad. Por encima de todo, el orgullo de Nicolás fue su familia, a la que amó con dedicación y a la que puso siempre en primer lugar.Nicolás también dejó huella en su comunidad. Recibió reconocimientos del distrito escolar LAUSD por el tiempo que dedicó cuando sus hijos estaban en la primaria. Además, era parte de los Testigos de Jehová en Tujunga, donde su presencia y servicio fueron apreciados.Gracias a todas las personas que le demostraron amor a Nicolás antes de fallecer.En sus propias palabras, Nicolás expresó un deseo sencillo y verdadero: “Cuando yo me muera, quiero que me recuerden como fui” - Nicolás Juárez. Que así sea: recordado con respeto, con cariño, y como el hombre amado que fue.