

Con profundo amor y tristeza en nuestros corazones, despedimos a Hiram Carradero Santiago, nacido el 12 de noviembre de 1949 en Humacao, Puerto Rico, quien partió de este mundo el 28 de agosto de 2026 en Caguas, Puerto Rico, a la edad de 76 años.
Hiram fue un hombre de gran carácter, trabajador incansable y con un espíritu que siempre lo impulsaba a ir por más. Para él, el trabajo no era simplemente una responsabilidad; se convirtió en una verdadera pasión de vida. No conocía lo que era un día de descanso, porque siempre encontraba una razón para mantenerse activo, crear, ayudar y seguir adelante.
Quienes tuvieron el privilegio de conocerlo recordarán también su alegría al compartir con sus amigos, especialmente mientras disfrutaba de una buena partida de billar. Era un hombre de gustos sencillos, pero sabía disfrutar de los placeres de la vida. Tenía un excelente paladar y disfrutaba de una buena comida, especialmente un delicioso bistec con tostones y ensalada, así como un buen salmón. Le encantaba deleitarse con una buena comida y compartir esos momentos con quienes amaba.
Hiram encontraba paz y felicidad en la naturaleza. El campo y el mar fueron siempre algunos de sus lugares favoritos, espacios donde podía disfrutar de la tranquilidad y la belleza de la creación.
También disfrutaba de las películas de acción, pero las películas de comedia tenían un lugar especial en su corazón; no se perdía una, porque siempre había espacio para una buena sonrisa y un momento de alegría.
Como padre, abuelo y bisabuelo, dejó una huella profunda en su familia. Fue padre de cuatro hijos, y tuvo la dicha de conocer el amor y la alegría de sus nietos y bisnietos. Su legado vivirá en cada uno de ellos, en las enseñanzas que dejó, en las historias que serán contadas y, sobre todo, en los recuerdos que permanecerán para siempre.
Una hermana que nunca lo dejó solo
En esta despedida es imposible no hacer una mención especial a su hermana Sara, quien estuvo a su lado de manera incondicional. Ella nunca lo dejó solo y se dedicó con amor, entrega y fortaleza a cuidarlo y acompañarlo en cada una de sus batallas.
Estuvo presente en los momentos buenos y, especialmente, en aquellos momentos difíciles en los que más necesitaba sentir que no estaba solo. Con sus cuidados, su compañía y su amor de hermana, le demostró una y otra vez que podía contar con ella.
Su presencia fue un verdadero regalo en la vida de Hiram. En medio de cada prueba, ella permaneció firme a su lado, brindándole apoyo, compañía y ese amor que no necesita palabras para hacerse sentir. Su entrega y dedicación son también parte del legado de amor que acompaña la vida de Hiram.
Como familia, siempre quedará una profunda gratitud por todo lo que hizo por él y por haberle demostrado, hasta el final, que ninguna batalla tenía que librarla solo.
Por encima de todo, Hiram fue un hombre de fe cristiana inquebrantable. Su confianza en Dios fue una fuente de fortaleza durante las diferentes pruebas que le presentó la vida. De la mano de Dios enfrentó cada circunstancia con buena actitud, fortaleza y esperanza, demostrando que su fe era parte esencial de quien fue.
Hoy lloramos su partida, pero también celebramos la vida de un hombre trabajador, luchador, amante de su familia, de sus amigos, de la buena comida, del campo, del mar y de esos pequeños momentos que hacen que la vida valga la pena.
Su presencia física ya no estará con nosotros, pero su recuerdo permanecerá vivo en el corazón de todos aquellos que lo amaron y tuvieron la bendición de compartir parte de su camino.
Descansa en paz, Hiram.
Que Dios reciba tu alma en sus brazos y conceda consuelo y fortaleza a tus hijos, nietos, bisnietos, hermana, familiares y amigos. Tu trabajo aquí terminó, pero el legado de amor, esfuerzo, fe y perseverancia que dejaste continuará por generaciones.
Hasta siempre. Te recordaremos con amor, gratitud y una sonrisa.
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v.1.18.0