

Una vida que dejó huellas de amor
21 de abril de 1939 – 21 de septiembre de 2026
Hay personas que pasan por nuestra vida… y hay personas que se convierten en parte de nuestra vida para siempre.
Hoy despedimos físicamente a nuestra querida Lidia Reyes Rivera, pero sabemos que su historia no termina aquí. Porque una mujer que amó tanto, que dio tanto y que dejó tantos recuerdos hermosos, nunca desaparece realmente. Su presencia permanece en cada corazón que tocó.
Lidia fue una mujer única. Una madre ejemplar, una abuela amorosa y una bisabuela maravillosa, de esas que dejan una marca que ni el tiempo ni la distancia pueden borrar.
Tenía una belleza muy suya, pero más hermosa aún era esa personalidad que la hacía imposible de olvidar. Coqueta, linda, elegante y llena de vida, disfrutaba sentirse bonita y disfrutar cada momento. Y vaya que sabía disfrutar la vida.
Nunca olvidaremos sus bailes especiales, esos movimientos tan de ella, que nos hacían sonreír y que hoy se convierten en uno de esos recuerdos que abrazaremos con el alma. Porque algún día, cuando pensemos en Lidia, seguramente sonreiremos antes de llorar… y podremos imaginarla bailando nuevamente, siendo simplemente Lidia.
Le encantaban las flores, las mariposas, las aves, los juegos de pelota especialmente su equipo favorito Los Cardenales. Quizás por eso, desde ahora, cada vez que una mariposa aparezca inesperadamente, sentiremos que viene a visitarnos. Cada flor hermosa nos hará pensar en ella. Y cuando escuchemos el canto de un ave, tal vez recordemos su mirada y sintamos que, de alguna manera, nos está diciendo: “Aquí estoy. No me olviden.”
Y olvidarte, Lidia, será imposible.
También quedarán para siempre los recuerdos de sus salidas a restaurantes, de las conversaciones, las risas y esos momentos sencillos que, sin saberlo, terminaron convirtiéndose en tesoros.
Y cómo olvidar a sus queridos Dudu y Bubu. Sus ositos, tan especiales para ella, serán también parte de esa colección de pequeños recuerdos que hoy adquieren un valor inmenso. Porque al final, la vida está hecha precisamente de esas cosas: de personas, lugares, objetos y momentos que parecían cotidianos… hasta que llega el día en que daríamos cualquier cosa por volver a vivirlos.
Y sí, también recordaremos aquellos buenos momentos en los casinos, las salidas, la emoción, las risas y esa manera de Lidia de disfrutar la vida a su manera.
Pero sobre todas esas cosas, quedará su amor por su familia.
Porque cada generación llevará un pedacito de Lidia consigo.
Habrá momentos en los que su ausencia dolerá profundamente. Días en los que querremos escuchar su voz, verla sonreír, verla bailar o simplemente saber que está allí.
Y cuando esos momentos lleguen, no pensemos solamente en el día en que se fue.
Pensemos en todos los días en que estuvo.
Lidia vivió 87 años, y dejó detrás algo mucho más grande que los años: dejó amor, recuerdos y una familia que jamás dejará de pronunciar su nombre.
Quizás la vida nos enseña que algunas despedidas no son realmente un adiós.
Son un “hasta que nos volvamos a encontrar.”
Descansa en paz, querida Lidia.
Tu vida fue un regalo.
Tu amor fue una bendición.
Tu recuerdo será eterno.
Te amaremos hoy, mañana y todos los días que nos queden.
Hasta que volvamos a encontrarnos. 🦋🌸🕊️
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v.1.18.0