

Con profundo amor y tristeza, despedimos a Luis Roberto Rivera Rodríguez, quien nació el 9 de enero de 1940, en el hermoso pueblo de Barranquitas, y partió de este mundo el 4 de septiembre de 2026, en Caguas, Puerto Rico.
Luis Roberto fue un hombre simpático, carismático y de una personalidad que dejaba huellas en quienes tuvieron la dicha de conocerlo. Fue un hombre trabajador, alegre y amante de la vida, pero sobre todas las cosas lindas de la vida , fue un hombre que amó profundamente a su familia. Sus hijos, nietos y bisnietos fueron una parte esencial de su vida y una de sus mayores alegrías.
Entre sus grandes pasiones estaban los deportes, especialmente la pelota. Disfrutaba muchísimo cuando jugaba el equipo de Puerto Rico, y esos momentos frente al televisor eran sagrados. También disfrutaba bailar, jugar la lotería, hacer ejercicios y conversar sobre política.
Tenía además sus programas favoritos, y entre ellos estaba el programa de la Comay. ¡Y cuidado que lo llamaran cuando estaba viendo su programa! Porque Luis Roberto podía dejar sonar el teléfono antes que perderse un solo minuto. Era de esas pequeñas cosas que hoy provocan una sonrisa y hacen sentir su presencia nuevamente entre nosotros.
Amaba el campo y los caballos, disfrutando de la tranquilidad y belleza de la vida rural. También tenía un gusto muy particular por la buena comida. Le encantaba el mondongo, las chinas mandarinas, las morcillas y el lechón. Tenía un exquisito paladar y, cuando se trataba de pan, no había discusión: ¡le encantaba! Y sus famosas donas azucaradas eran otro de esos pequeños placeres que disfrutaba con gusto.
Luis Roberto fue un hombre de fe católica, y esa fe formó parte importante de su vida. Su manera de vivir, de amar y de estar presente para los suyos dejó un ejemplo que permanecerá en el corazón de su familia.
Hoy su ausencia deja un vacío profundo. Pero también quedan innumerables recuerdos: sus ocurrencias, su carisma, sus conversaciones, sus gustos, sus risas y todas esas pequeñas costumbres que hicieron de él una persona única e inolvidable.
A sus hijos, nietos y bisnietos les deja el regalo más grande que puede dejar un ser humano: el amor de una familia unida y los recuerdos de una vida compartida.
Aunque ya no podamos verlo, escucharlo ni compartir con él sus programas favoritos, sus juegos de pelota, sus comidas preferidas o una buena conversación, Luis Roberto vivirá para siempre en el corazón de todos los que lo amaron.
Descansa en paz, Luis Roberto.
Tu familia te amará y te recordará siempre.
Que Dios te reciba en sus brazos y conceda el descanso eterno a tu alma. Amén.
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v.1.18.0