

Margarita fue una mujer católica, carismática, alegre y llena de vida. Su fe fue parte importante de su vida, y hoy confiamos en que Dios la recibe en sus brazos y le concede el descanso eterno.
Su hermosa sonrisa era una de sus mayores características; siempre tenía una palabra, un gesto o una sonrisa que iluminaba a quienes tenían la dicha de compartir con ella.
Amaba profundamente a su familia y uno de sus mayores deseos era verlos siempre juntos y unidos. Para Margarita, la familia era un tesoro, y cada momento compartido quedará guardado como un recuerdo invaluable en el corazón de quienes la amaron.
Disfrutaba de las cosas sencillas y hermosas de la vida: las rosas, bailar, cantar y viajar. Le encantaba especialmente la música de bohemia, en la cual se deleitaba y encontraba momentos de alegría y serenidad. También disfrutaba de sus queridas habichuelas con patitas, uno de esos pequeños placeres que hoy evocarán con cariño quienes la conocieron.
Y entre sus grandes amores estuvo su perrita Sacha, a quien amó de manera incondicional. El cariño que Margarita le brindó fue una muestra más de ese corazón noble, generoso y lleno de amor que siempre la caracterizó.
Hoy nos queda la tristeza de su partida, pero también la esperanza que nace de la fe. Como mujer católica, creemos que su vida continúa en la presencia de Dios y que algún día volveremos a encontrarnos con ella.
Nos queda la dicha de haber conocido y amado a una mujer tan especial. Su sonrisa, su alegría, su amor por la música, sus ocurrencias, su amor por la familia y todos esos pequeños momentos que compartió permanecerán vivos en nuestros corazones.
Margarita, gracias por cada sonrisa, cada abrazo, cada canción y cada recuerdo.
Que Dios te reciba con amor, que los ángeles te acompañen y que la luz eterna brille para ti.
Descansa en paz, querida Margarita.
Tu recuerdo será eterno y tu sonrisa nunca será olvidada.
Hasta que volvamos a encontrarnos.
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v.1.18.0