que el cielo nos suele prestar
y por eso el niño sus alas despliega,
sonríe, nos besa y se va.
Preguntar al niño que muere
si quiere tornar
y nos dirá que la gloria es su patria
que allí está vestido con luz inmortal.
No lloréis por el niño
que deja desierto el hogar,
que el niño es la flor de los cielos
y allí sus hermanos, los ángeles, van.
Las campanas el viento
rasgando con lento compás,
os anuncian que el ángel ausente
os tiende la mano y os dice: esperad.
No lloréis por el niño que muere,
dejadle volar...
¡Cuántas penas la muerte le quita!
¡Qué dichas la muerte le da!