Fernanda será recordada por la manera serena y firme con la que atravesó el tiempo: con una resiliencia discreta, una paciencia constante y una honestidad que daba confianza. En su presencia se sentía la lealtad de quien permanece, la generosidad de quien da sin alarde y el cariño sincero que la convirtió en una persona profundamente querida por quienes tuvieron el privilegio de conocerla.
Residente de Canovanas, Puerto Rico, Fernanda deja una huella de afecto y gratitud, tejida en los vínculos que cultivó y en el ejemplo de integridad con el que vivió. Su memoria permanece como un legado de respeto, constancia y amor.