

Beloved Mother, Grandmother, Sister, and Friend
With deep sorrow and profound love, we announce the passing of Norma I. Borrero, who was born in her beloved hometown of Ponce, Puerto Rico, and passed away in Chicago, Illinois. Norma was a vibrant force of nature—funny, fearless, and endlessly loving.
She was the devoted mother of five children—Rosa, Alberto, Edwin, Noris, and Eduardo—and the cherished grandmother of eleven: Alex, Angelise, Iman, Tien, Jessie, Ainslie, Anh, Jeffrey, Jaime, Amari, and Nayeli. She also leaves behind two loving sons-in-law, Jeffrey and Antonio, who held a special place in her heart and were like sons to her in every way. Norma shared a lifetime of memories, laughter, and fierce loyalty with her twelve siblings—Eddie, Charlie, Paul, Herbert, Moses, Noel, Robert, Johny, David, Maritza, Lillian, and Joeann.
Norma had a big appetite for life—literally and figuratively. She loved to eat, especially traditional Puerto Rican food, and never turned down a plate or a party. A natural on the dance floor, she moved to the rhythm of salsa and life alike, often with a grandbaby in her arms. She was known for her fiery personality, her warm embrace, and her signature phrase, “¡Puta madre!”, which she used with equal parts mischief and affection.
Her presence was larger than life, and her legacy is one of joy, strength, and unfiltered honesty. Whether she was sharing a meal, a dance, or a laugh, Norma gave her whole heart—always.
A special shoutout goes to las mujeres del corrillo—her chosen sisters, her ride-or-dies, her forever comadres. Among them were Evelyn, Mildred, Crespita, and Miriam—just a few of the many incredible women who stood by Norma’s side through every season of life. You weren’t related by blood, but the bond you shared was unbreakable. You laughed, cried, celebrated, and lifted each other up with fierce love and loyalty. Thank you for being her circle, her strength, her joy.
She will be dearly missed by all who knew and loved her. Her spirit will live on in every beat of music, every family gathering, and every bold word uttered with love.
¡Descansa en paz, Norma!
You’ll never be forgotten—ni por un carajo.
En Memoria de Norma I. Borrero
Amada Madre, Abuela, Hermana y Amiga
Con profundo dolor y un amor inmenso, anunciamos el fallecimiento de Norma I. Borrero, quien nació en su querida ciudad natal de Ponce, Puerto Rico, y falleció en Chicago, Illinois. Norma fue una fuerza de la naturaleza—divertida, valiente y amorosa sin límites.
Fue una madre dedicada de cinco hijos—Rosa, Alberto, Edwin, Noris y Eduardo—y una abuela adorada de once nietos: Alex, Angelise, Iman, Tien, Jessie, Ainslie, Anh, Jeffrey, Jaime, Amari y Nayeli. También deja a dos yernos muy queridos, Jeffrey y Antonio, quienes ocuparon un lugar especial en su corazón y fueron como hijos para ella. Compartió una vida de recuerdos, risas y lealtad inquebrantable con sus doce hermanos y hermanas —Eddie, Charlie, Paul, Herbert, Moses, Noel, Robert, Johny, David, Maritza, Lillian, y Joeann.
Norma tenía un gran apetito por la vida—literal y figuradamente. Amaba la comida, especialmente la tradicional puertorriqueña, y nunca rechazaba un buen plato ni una buena fiesta. Era una natural en la pista de baile; se movía al ritmo de la salsa y de la vida misma, muchas veces con un nietecito en brazos. Era conocida por su personalidad encendida, su abrazo cálido y su frase característica: “¡Puta madre!”, que usaba con partes iguales de picardía y cariño.
Su presencia era más grande que la vida, y su legado es de alegría, fortaleza y honestidad sin filtros. Ya sea compartiendo una comida, un baile o una carcajada, Norma entregaba su corazón por completo—siempre.
Un reconocimiento especial para las mujeres del corrillo—sus hermanas elegidas, sus cómplices, sus comadres eternas. Entre ellas estaban Evelyn, Mildred, Crespita y Miriam—solo algunas de las muchas mujeres increíbles que estuvieron a su lado en cada etapa de la vida. No las unía la sangre, pero sí un lazo más fuerte. Rieron, lloraron, celebraron y se apoyaron con un amor feroz. Gracias por ser su círculo, su refugio, su alegría.
La extrañarán profundamente todos los que tuvieron la dicha de conocerla y amarla. Su espíritu vivirá en cada compás de música, en cada reunión familiar y en cada palabra valiente dicha con amor.
¡Descansa en paz, Norma!
Nunca serás olvidada—ni por un carajo.
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v.1.18.0