

Nacida en 1934 en Los Ángeles de padres inmigrantes, Ruth creció en un pequeño apartamento lleno de música, expresiones en yidis y los aromas reconfortantes de las comidas caseras. Desde temprana edad, aprendió los valores que guiarían toda su vida: la resiliencia, la generosidad, el humor y un compromiso inquebrantable con la familia.
Ruth construyó su vida en Los Ángeles, una ciudad que amaba profundamente y que nunca quiso dejar. Se casó con el amor de su vida, Daniel Goldstein, a principios de sus veinte años, y juntos criaron a dos hijos, Sarah Goldstein-Levine y Michael Goldstein, a quienes adoraba y apoyaba con una sabiduría serena y un aliento constante. Más tarde, se convirtió en la orgullosa abuela de cinco nietos: Rachel Levine, Daniel Levine, Noah Goldstein, Emma Goldstein y Leah Goldstein — un rol que desempeñó con todo su corazón.
Para sus nietos, Ruth era una narradora, una confidente y una fuente constante de ternura — siempre lista con un abrazo, un consejo o algo dulce “por si tienes hambre”.
Mujer de muchos intereses, Ruth era una ávida lectora y entusiasta de los crucigramas, rara vez se perdía el del domingo. Le encantaba tejer bufandas para amigos y familiares, asistir al teatro y dar largos paseos por su vecindario, donde parecía conocer a todos por su nombre. Su cocina era el corazón de su hogar, famosa por el brisket, la sopa de matzá y recetas transmitidas de generación en generación — nunca escritas, solo recordadas.
Ruth era conocida por su agudeza, su fuerza tranquila y su profunda empatía. Escuchaba más de lo que hablaba, pero cuando hablaba, sus palabras importaban. Tenía una habilidad extraordinaria para hacer que las personas se sintieran vistas y valoradas, ya fueran amigos de toda la vida o desconocidos sentados a su lado en un banco del parque.
Su fe judía y sus tradiciones eran el centro de su vida. Encontraba significado en las cenas de Shabat, en las festividades rodeada de su familia y en el simple acto de encender velas y tomarse un momento de gratitud. Creía profundamente en la bondad, la justicia y la importancia de estar presente para los demás.
El legado de Ruth vive en sus hijos, sus nietos y en las innumerables vidas que tocó con su compasión y gracia. Será recordada por su calidez, su risa y el amor que dio con tanta generosidad.
Que su memoria sea una bendición.
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v.1.18.0