

Paz Castellanos (conocida por sus seres queridos como Maruca) nació el 17 de mayo de 1954 a Cristina y Juan Gutiérrez en la rancho de sus padres, El Molino en Jalisco, México. Fue recibida en un hogar humilde pero muy feliz que consistía de su mamá, papá y, en ese momento, cuatro hermanos. Este sería su hogar hasta los tres años, cuando su familia comenzó a dividir su tiempo entre sus hogares en Jalostotitlán y El Molino.
A una edad temprana, tenía una habilidad especial para memorizar canciones. Su hermana recuerda que su amor por el canto comenzó cuando tenía unos tres años. Maruca a menudo se subía a un árbol de mezquite en el rancho y le daba serenata a su familia mientras ellos hacían los quehaceres.
Le encantaba meterse en el río del rancho donde su familia lavaba ropa a pesar de que no sabía nadar. Cuando tenía seis años, casi se ahoga después de por poquito ser arrastrada por las aguas turbulentas, pero fue rescatada por una de sus hermanas. A pesar de este evento tan atemorizante, esta niña valiente y resistente no fue disuadida de continuar disfrutando esas aguas durante su infancia: así es lo mucho que amaba a su río.
Maruca heredó la ética de trabajo y la creatividad de su familia. Comenzó a ganar su propio dinero cuando tenía solo diez años bordando diseños en camisetas para comprar su bocadillo favorito, galletas saladas y jalapeños.
Cuando era adolescente, continuó su "carrera" de costurera y cosía mientras entretenía a sus amigas con su platica y sus bromas. También pasaban todos los fines de semana yendo a la plaza a disfrutar de la serenata.
Fue en esta misma plaza donde Maruca conoció a su futuro esposo. Cuentan que rompió algunos corazones en Jalos. Pero el 27 de marzo de 1976 se casó con su alma gemela, Hilario Castellanos, un muchacho de San Miguel. Dijo que le gustaba sus ojos y su bigote.
En 1976, mientras esperaban a su primer hijo, Maruca e Hilario tomaron la valiente decisión de unirse a su familia en los Estados Unidos y eventualmente criar a sus hijos en Corona, Ca. Ella siempre recordaba lo bendecida que sentía de poder cruzar la frontera sin ningún problema.
Con sus tres hijos, Maruca trabajaba tanto dentro como fuera del hogar. Cuando llegaron sus gemelas, con mucho gusto renunció a su trabajo pagado para entregarse por tiempo completo a sus ahora cinco hijos. Ella decía que a veces cuando las niñas lloraban, ella lloraba con ellas. Pero se lo tomó todo con calma y le encantaba ser madre.
Hilario y Maruca estuvieron casados durante casi 46 años. Tenían un fuerte amor y admiración el uno por el otro y no tenían que usar palabras para expresarlo; estaba implícito. Ella decía que no hubo un día en su vida en que se arrepintió de haberse casado con Hilario y sabía que Dios los había unido. Hilario dice que era una gran esposa. Era sencilla y sin exigencias. No le importaba las cosas cosas materialistas.
Maruca tenía una fe inquebrantable. Católica incondicional, sirvió en el coro y dirigió el rosario en la iglesia de San Eduardo. Le encantaba ver a varios sacerdotes y predicadores en YouTube, quienes compartían su fe y convicciones. Su mayor deseo era inculcar en sus hijos la misma fe y humildad que su padres le habían inculcado a ella.
Su familia y amigos la recordarán por sus muchos talentos y cualidades: era una gran cocinera, ingeniosa, platicadora y una carismática contadora de chistes. Nunca contaba un chiste dos veces. A menudo entretenía a su familia en las fiestas navideñas contando chistes y cantando.
Se unió a sus padres y hermana para cantar en el cielo el 18 de marzo de 2022. Todos los que la conocieron y la amaron la extrañarán, especialmente sus 5 hijos: Leonel, Renee, Saul, Bridgette y Edith y 6 nietos: Saul Jr., Annika, London, Eddie, Alexa y Adam. Le sobreviven sus hermanos Dolores, Francisco, Antonia, Ramona y Ruben. Le precedieron en la muerte su madre Cristina, su padre Juan y su hermana Socorro.
Maruca fue una gran madre, abuela, hermana, tía y amiga. Siempre estuvo llena de vida, amable y chistosa hasta el final.
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v.1.18.0