

Roberto Antonio Huerta, cariñosamente conocido como “Rob” o “Robbie,” falleció a los 40 años en el hospital Arrowhead Regional en Colton, CA. Roberto fue un alma amorosa, fiel, compasiva, inteligente y de corazón enorme, con una manera única de hacer sentir realmente apreciados y especiales a quienes más quería. Su calidez, su amabilidad y la forma tan sincera en que trataba a los demás dejaban una impresión profunda en cualquiera que tuviera la suerte de conocerlo.
Roberto nació el 28 de octubre de 1985 en Los Ángeles, California, hijo de Severino y Alicia Huerta. Sus primeros años los paso en El Monte, rodeado de una familia unida, reuniones llenas de alegria, desde las carne asadas hasta los cumpleaños y fiestas familiares en Lake Legg Park. Tenía una relación muy especial con su hermano Sergio, y juntos pasaron su niñez entre risas, videojuegos, viendo caricaturas de He Man y Wrestlemania. Cuando Roberto tenía 11 años, la familia se mudó a San Bernardino, donde siguieron construyendo una vida llena de amor, unión y momentos inolvidables, incluyendo viajes a México para visitar a la familia en San Ciro, el pueblo natal de sus papás, y la Ciudad de México.
Ya de adulto, Roberto se ganó respeto por su inteligencia y su ética de trabajo. Trabajó con orgullo como la mano derecha en el taller de autos de su papa. No solo entendia la mecánica automotriz, sino que también aprendió por sí mismo a arreglar hasta los carros más complicados. Además de su talento técnico, ayudó en las operaciones diarias del negocio. Su compromiso y su responsabilidad para ayudar reflejaba su profundo amor por su papá. Con el tiempo, Roberto abrió y manejó su propio negocio de grúas, demostrando su independencia y determinación, y más adelante trabajó como conductor de camiones de carga pesada. Aun así, nunca dejó de apoyar el taller de su papá y tomó la responsabilidad de encargarse de la propiedad.
Su buen humor era una de sus mejores cualidades. Siempre tenía un chiste listo, especialmente cuando se ponía a bromear con cariño con su familia y amigos. Su generosidad era parte de quién era; daba todo por ayudar a un ser querido, un amigo o incluso un vecino. Su fe también era muy importante para él; leer la Biblia le daba tranquilidad y fuerza. Su familia era su mayor alegría; lo que más disfrutaba era pasar tiempo con todos. Amaba profundamente a sus padres y siempre quiso lo mejor para ellos. Roberto, junto con su hermano, se encargó principalmente de cuidarlos y de estar al pendiente de ellos. Roberto fue una luz brillante, y su presencia llenaba de alegría a todos los que tuvieron la dicha de compartir tiempo con él.
Dios ha llamado a Roberto a su presencia para darle descanso eterno. Roberto es sobrevivido por su mamá Alicia; sus hermanos, Laura, Annie, Maria y Sergio; sus queridos sobrinos, James Richard (JR), Monique, Andrew, Emily, Nicole, Jordan, Luna y Charlie; y su cuñado, James.
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v.1.18.0