

Silvia Olivia Guillen de Arreola is survived by her loving husband Arturo Arreola of Rancho Cucamonga, her children, Diego Arturo Arreola, and Andres Santiago Arreola, her stepdaughters Marisol Arreola of Yokosuka Japan and Mia Arreola of Idylwild, her sisters, Carmen Guillen of Fontana, Veronica Guillen of Fontana, Alicia Guillen of Fontana, Eva Guillen of Baja California Sur, and her brothers, Pablo Guillen of Texas, Rafael Guillen of Texas, Orlando Guillen of Las Vegas, and Gabriel Guillen of Rialto.
Silvia was a loving person in ever sense of the word. Her smile captivated you. Silvia grew up in Insurgentes, Baja California Sur a small agricultural town two and a half hours north of La Paz. She was the youngest girl in a family of nine children. Silvia was excited by school work at a young age. She finished secondary school and attended The Webster School to specialize in book keeping and business operations. She graduated and quickly found a job. Her work ethic was very strong. She would work all day and afterward, attend night school for additional classes.
Silvia’s mother was diagnosed with a brain tumor and went to America to get treatment. Her treatment was very debilitating and it became evident that a care taker was needed. So at the age of 24 Silvia came to Fontana, CA to care for her ailing mother. Not once did she complain, but rather did her job with love and compassion. Not only was Silvia the principle caretaker for her mother Anita, but she also managed to work part-time at Salsitas restaurant in Rancho Cucamonga as a waitress. Silvia did manage to get away from her busy schedule once in while to go out with some friends. That is when she met Arturo.
Arturo loved Silvia’s smile and kind disposition. He quickly fell in love with her, but she had to think it through very carefully. Silvia’s family was very concerned once she told them about Arturo. Arturo was a widower with two teen daughters, Marisol and Mia. Silvia made Arturo the happiest man on the earth as she accepted him and his daughters. On September 6, 2003 they were married. Heavy negotiations ensued. Silvia wanted three kids, but Arturo only wanted one. A compromise was reached. Two kids it was. Diego was born 3-3-2006 and Andres 1-28-2008.
Silvia loved all of her kids. She worked hard not to impose herself on her stepdaughters. She led by her example of love and kindness to her stepdaughters and her boys alike. The girls soon left to college while the boys grew up in world of love, gentleness and kindness. There was no event small enough for Silvia. She would attend every school rally, every piano recital, every soccer game or any other event the boy ever had. Even when she was sick battling the severe symptoms of her cancer, her biggest concern would be missing the boys’ soccer game. “I have to be there to support them,” she would say. Her kids were her life and her life was her kids.
To her family, Silvia was Silvita. To her friends, she was Silvia, the one with the friendly smile that always cared, wishing everyone the best. To her kids, she was mamá. To me, she was my baby, the woman I love and she loved me back. I so miss her every moment of the day Silvia. You surely will be missed by everyone whose life you’ve touched.
Silvia Olivia Guillén de Arreola le sobreviven su amado esposo Arturo Arreola de Rancho Cucamonga, sus hijos, Diego Arturo Arreola y Andrés Santiago Arreola, sus hijastras Marisol Arreola de Yokosuka Japón y Mia Arreola de Idylwild, sus hermanas, Carmen Guillén de Fontana, Verónica Guillén de Fontana, Alicia Guillén de Fontana, Eva Guillén de Baja California Sur y sus hermanos, Pablo Guillén de Texas, Rafael Guillén de Texas, Orlando Guillén de Las Vegas y Gabriel Guillén de Rialto.
Silvia era una persona amorosa en todos los sentidos. Su sonrisa era cautivadora. Silvia creció en Insurgentes, Baja California Sur, un pueblo agrícola pequeno a dos horas y media al norte de La Paz. Era la hermana menor de una familia de nueve hijos. A ella le entusiasmaba el trabajo escolar desde muy pequena. Terminó la escuela secundaria y asistió a The Webster School para especializarse en contabilidad y comercio. Se graduó y rápidamente encontró trabajo. Tenia una gran ética de trabajo. Trabajaba durante todo el día y luego asistía a una escuela nocturna para tomar clases adicionales.
A su mama le diagnosticaron un tumor cerebral y tuvo que viajar los Estados Unidos para recibir tratamiento. este fue muy debilitante y se hizo evidente que necesitaba alguien que la cuidara. A la edad de 24 años, Silvia se vino a la casa de Carmen su hermana en Fontana, para cuidar a su mama. ella nunca se quejó , cuido con mucho amor y compasión a su mama. Silvia no solo cuidaba de su mama Anita, sino que también trabajaba de medio tiempo en el restaurante Salsitas como mesera. rara vez lograba salir de su apretada agenda y salia con algunas amigas. Y en una de esas raras ocaciones conoció a Arturo.
Arturo quedo encantado con la sonrisa y el carácter amable de Silvia. Él rápidamente se enamoró de ella, pero ella tuvo que pensarlo detenidamente. La familia de Silvia se preocupó mucho cuando ella les habló de Arturo. El era viudo y tenía dos hijas adolescentes, Marisol y Mía. Silvia hizo de Arturo el hombre más feliz del mundo al aceptarlo a él y a sus hijas. El 6 de septiembre de 2003 se casaron. Siguieron intensas negociaciones. Silvia quería tres hijos, pero Arturo sólo quería uno. llegaron a un acuerdo. Serian dos. Diego nació el 3-marzo-2006 y Andrés el 28-enero-2008.
Silvia amaba a todos sus hijos. Trabajó duro para no imponerse a sus hijastras y crear una relacion sana entre ellas. Ella dio ejemplo de amor y bondad tanto a sus hijastras como a sus hijos. Las chicas crecieron y pronto se fueron a la universidad mientras los niños crecían en un mundo de amor, gentileza y bondad. No habia ningún evento lo suficientemente pequeño para Silvia. Ella asistía a todas las reunións escolares, a todos los recitales de piano, a todos los partidos de fútbol o a cualquier otro evento que ellos tuvieran. Incluso cuando estaba enferma y luchaba contra los graves síntomas de su cáncer, su mayor preocupación era perderse el partido de fútbol de los chicos. “Tengo que estar ahí para apoyarlos”, decía. Sus hijos eran su vida y su vida eran sus hijos.
Para su familia, Silvia era Silvita. Para sus amigas era Silvia, la de la sonrisa amigable que siempre se preocupaba por ellas, y les deseába lo mejor. Para sus hijos, ella era mamá. Para mí, ella era mi baby, la mujer que amo y la mujer que me amo a mi. La extraño muchísimo cada momento de cada dia. Estoy seguro que tambien la van a extrañar todas las personas cuyas vidas ha tocado.
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v.1.18.0