

Con profundo amor y tristeza, pero también con gratitud por haber compartido su vida, recordamos a Beto, un hombre de corazón alegre, espíritu aventurero y una sonrisa que dejó huella en todos aquellos que tuvieron la dicha de conocerlo.
Beto fue el segundo de cuatro hijos, y siempre llevó con orgullo sus raíces y el amor por su tierra natal, Tepoztlán, Morelos. Con el deseo de construir una vida mejor, llegó a los Estados Unidos, llevando consigo sus sueños, sus recuerdos y el cariño por su familia.
Quienes lo conocieron recuerdan a Beto como el alma de las fiestas, un joven de corazón, alegre y siempre dispuesto a vivir una nueva aventura. Su manera de disfrutar la vida, su amistad sincera y los momentos compartidos dejaron recuerdos que permanecerán para siempre en los corazones de sus familiares y amistades.
Su vida fue un regalo. Que descanse en los brazos de Dios.
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v.1.18.0