

Julio Lázaro Cabrera y Bello nació el día 11 de febrero del año 1924. Desde entonces el aprendió apreciar la dedicación principal de su vida, su familia. Durante su niñez, el fomentó sus fuertes lazos con sus once hermanos y sus padres. Durante esa época también desarrollo su fe católica que el predicará atreves de su ejemplo por el resto de su vida
Julio siempre era conocido como un buen trabajador. En su juventud siempre fue dichoso para realizar sus esfuerzos. El trabajó detrás de un mostrador despachando café, en el campo ordeñando vacas, y hasta logró el puesto de inspector del matadero de su querido municipio de Jaruco.
A los 19 años de edad fue cofundador de los Caballeros Católicos de Jaruco. Cuya organización que el fundaría en Estados Unidos décadas después.
Durante este tiempo el conoció y se enamoró de la mujer de su vida, Juanita.
Después de siete años de noviazgo Julio y Juanita se casaron el día 22 de Noviembre del 1952.
En los años entrantes dieron la bienvenida a sus dos hijas, María Elena y María de la Ángeles.
En esa época Julio continuo su ética de trabajo. Trabajó como pesador de caña en Matanzas, y obrero de carga en los muelles de la Habana.
Se involucró en la política de su época.
Julio siempre fue un hombre de opiniones y principios. Si se trataba de política, la sociedad, la familia, o la religión, Julio siempre te dejaba saber su opinión.
Como muchos de su generación el abandonó su patria en busca de la libertad y la futura felicidad de su familia. Embarcó a Estados Unidos con su señora e hijas y tres sobrinos sin empleo, sin fortuna, y sin conocimiento del idioma.
Pero como muchos cubanos en el exilio el rápidamente se adaptó y prosperó. El continúo su involucramiento cívico y religioso en su nuevo país y en su nuevo pueblo, Hialeah.
El reasumió su vida con ánimo. Logró una vida familiar estable y feliz. Inclusive ganó dos yernos, Carlos y Roberto, que formarán parte del núcleo de su familia por el resto de su vida.
Julio se estableció como un individuo respetado en su comunidad, en su parroquia de St. John the Apostle, en su vecindario y en su lugar de empleo.
El fue un héroe para su familia que incluye sus hijas, yernos, nietos, biznietos, sobrinos, primos, y cuñados que siempre lo consideraron el hombre que los unirá con su ejemplo de humanidad para siempre.
* * * * * * * * * *
Buenas tardes,
Para ustedes, que no me conocen, yo soy Bobby, el nieto mayor de Julio. Antes de comenzar, de parte de mi familia, quisiera darles unas gracias especiales a los Caballeros Católicos. Mi abuelo adoraba su organización y a cada uno de ustedes. Estamos muy honrados con su presencia y por la atención y el amor con que ustedes siempre han tratado a mi abuelo.
Unos de los grandes líderes cívicos-políticos del siglo XX observó que “La última medida de un hombre no es como el actúa en momentos de comodidad y conveniencia, pero como actúa en momentos de desafío y controversia”.
Mi abuelo nunca fue un hombre tímido. El siempre te dejaba saber lo que pensaba. Fuerte de carácter, a veces tempestuoso, otras correcto y a veces incorrecto. Pero era un hombre.
El nació en una familia muy humilde pero unida. Una familia que era pobre en lo material pero rica en lo espiritual. Mi abuelo siempre fue un obrero. El ganó todo lo que tuvo en su vida a través de su labor y siempre estuvo agradecido. El sufrió muchas épocas de escasez, hambre y descontento en su vida pero nunca se dejó vencer. Nunca.
El trabajó detrás de un mostrador despachando café, en el campo ordeñando vacas, pesador de caña, fue ingeniero dental, vendedor de prendas y joyas, estibador de los muelles de La Habana, y hasta logró el puesto de inspector del matadero de su querido municipio de Jaruco. El demostró que cada trabajo, cada obra, importaba.
En su juventud se conocía como un poco revoltoso e inquieto, particularmente en la esfera política. El gozaba dejando saber muy claro sus simpatías y posiciones. Durante este tiempo, el conoció y se enamoró de la mujer de su vida, mi abuela Juanita. Después de siete años de noviazgo, Julio y Juanita se casaron y en los años entrantes dieron la bienvenida a sus dos hijas, María Elena y María de los Ángeles.
Con la llegada al poder del régimen, comenzó una época inestable y peligrosa para mi abuelo porque, al fin y al cabo, él nunca iba a quedarse callado.
Todo comenzó cuando los marxistas pintaron y dibujaron obscenidades en las paredes de su Iglesia. El se ofreció como voluntario para pintar sobre ellas, sabiendo muy bien que ese acto lo señalaría ante las autoridades.
Que era Revoltoso? Tal Vez, pero siempre por sus principios y valores.
Obviamente, después de ese episodio, fue encarcelado varias veces mientras pasaban esos primeros años, y él se fue convirtió hasta más militante todavía. Él estaba listo como cualquier joven. Listo para ser un mártir por sus ideas, por la patria y la libertad. Hasta que empezó a reflexionar: Cuál era su tesoro más importante? Su familia. El tomó una decisión para proteger lo que él quería más en este mundo. Él tenía que sobrevivir y liberarse de esta situación.
Después de un tiempo logró embarcarse a Estados Unidos, no sólo con su señora y dos hijas pero con tres sobrinos también. Ninguna tarea fácil, especialmente considerando, que como muchos de ustedes en esa época, estaba sin empleo, sin fortuna, y sin conocimiento del idioma. El era el patriarca para muchos de nosotros reunidos aquí en esta congregación. Él fue el ejemplo, la certeza, y la fuerza en nuestras vidas.
Con su fe en Dios, su fuerte ética de trabajo, y el apoyo de su familia, convirtió su desesperación en tranquilidad. Su miedo en alegría, y su hambre en prosperidad.
Bueno, vamos a decir que mi abuelo tuvo tremenda suerte de que en este país no sufrió mucha hambre porque a él siempre le encantó comer. Él decía que Miami era “La Capital del Mundo de la Comida”. Pero a veces la comida no le salía muy bien. Me acuerdo una vez en un restaurant se sirvió una sopa, la probó y nos preguntó -Qué es esto? Y le respondimos: -Consomé. Él nos respondió -Consomé? Que lo consuma otro. El camarero regresó y pregunto cómo estaba todo. Mi abuelo respondió, tratando de controlar su mueca de disgusto: -Riquísimo, riquísimo.
Hay muchas cosas que nunca olvidaré de mi abuelo. Jamás olvidaré los juegos de football que fuimos juntos, y los partidos de béisbol los fines de semana. Jamás olvidaré el olor del café por la mañana o el olor de su carro, ni de escuchar en alta voz a Armando Perez-Roura de Radio Mambí mientras nos conducía a una demostración en contra de la política de algún país latinoamericano.
Pero lo que de verdad nunca me olvidaré, es el ejemplo que él me enseñó. Que tomar valor en lo que es bueno, justo, y sano es algo que uno debe tener y que no hay nada más grande en el mundo que las amistades verdaderas, familia y Dios.
El demostró ser un gran hombre, no porque todo le salía bien o porque todo le venía fácil. La grandeza no viene a través de eso. Al fin y al cabo él era un hombre de perseverancia. La grandeza viene cuando has estado a prueba, cuando viene el disgusto, y cuando viene la tristeza. Él nos enseñó que sólo si has estado en el valle más profundo, puedes saber lo magnífico de estar en la montaña más alta.
De mi corazón, les doy gracias a cada uno de ustedes por ser parte de la vida de mi abuelo, Julio Lázaro Cabrera y Bello y gracias por formar parte de esta celebración. El regreso de unos de los santos de Dios, al Reino de los Cielos. Amen.
Sus servicios seran en San Jose Jose Funeral Home 250 E. 4th Ave Hialeah, FL 33010.el 13 de agosto del 2014 de 6:00 PM a 11:00 PM.
El jueves 14 de agusto habra una misa en St John the Apoltle Catholic Church a las 11:30 A.M. y recibira cristiana sepultura en Our Lady of Mercy Catholic Cemetery.
COMPARTA UN OBITUARIOCOMPARTA
v.1.18.0