

Claudia "Male" Marlene Cruz Matute nació el 16 de septiembre de 1962, durante la semana de fiestas patrias en Choluteca, Honduras. Desde su primer día en este mundo fue creciendo su amor por los festejos de todo tipo y durante toda su vida este fue su más grande propósito… aprovechar cualquier ocasión para celebrar a sus seres queridos.
Su madre Hercilia Martinez y su padre Oscar Efrain Matute Zúñiga (QDDG) la criaron rodeada de amor y cariño junto a sus hermanas y hermanos Danelia Carolina Matute Martinez, Lorena Patricia Matute Martinez, y Nelson Rafael Matute Martinez. Claudia tuvo el privilegio de pertenecer a una familia numerosa y disfruto del afecto de sus demás hermanos, Oscar Leonel Matute Molinari, Magda Sagrario Matute Molinari, Dixiana Matute Molinari, Ricardo Adolfo Matute Molinari, Rolando Fabrizzio Matute Molinari (QDDG), Sandra Zulema Matute Molinari y Jorge Hoffman Matute Molinari.
Desde muy joven desarrolló el amor por el arte, el baile y la música. Completó sus estudios en la Universidad Autónoma de Honduras y obtuvo una licenciatura en artes. En esa misma institución logró desempeñarse como docente en las áreas de artes escénicas, danza contemporánea y dibujo.
En la ciudad de Tegucigalpa, Claudia conoció a su amado esposo Roberto Enrique Cruz, con quien permaneció casada por el resto de su vida hasta su inesperada partida, a tan solo 17 días antes de su aniversario #37.
La historia de amor incondicional de Claudia y Roberto, veterano de las Fuerzas Navales de los Estados Unidos, cruzó fronteras cuando ambos decidieron comenzar su vida juntos lejos de su tierra natal. En 1986, pocos meses después de contraer matrimonio, se mudaron a los Estados Unidos apoyándose el uno al otro durante aventuras y viviendo en diferentes regiones. En California, fomentaron su afición por la naturaleza, explorando juntos distintos parques nacionales. En Nueva York, Claudia continuó enriqueciendo su pasión por la educación, convirtiéndose en estudiante de la City University of New York y la reconocida academia de baile Arthur Murray. Fue en Florida, donde fascinados por el ambiente tropical decidieron sembrar raíces.
En enero de 1990 Claudia dio a luz a su primera hija Andrea Elisa Cruz Matute y desde ese día dedicó su vida entera al bienestar de su familia. Con ese propósito, regresaron a Honduras para emprender nuevos proyectos y en febrero de 1995 nació su segundo hijo Erick Roberto Cruz Matute.De esa forma, Claudia y Roberto le dieron a sus hijos la valiosa oportunidad de pasar su infancia rodeados por el cariño de sus abuelos, tíos, tías y primos. Claudia siempre le dio prioridad a los vínculos familiares y mantuvo estrechas relaciones con sus suegros, Hugo Roberto Cruz Thompson y Raquel Cruz Aleman, y también con sus cuñados Arturo Aleman, Marta Suyapa Cruz, Luisa Maria Cruz y Norma Roberta Cruz.
La vida nuevamente trajo a la familia Cruz Matute a los Estados Unidos en el año 2001 y en el 2003 cumplieron el sueño de comprar su primera vivienda en el Sur de Florida. Claudia convirtió esa casa en un hogar lleno de amor y calidez maternal, siempre apoyando a su esposo e hijos e impulsándolos a lograr todas sus metas personales y profesionales.
Durante su tiempo en North Miami Beach, Claudia gozó de una vida muy dinámica gracias a sus estrechas amistades, un gran número de personas con las que compartió su amor por la vida por medio de viajes y actividades sociales. Para ellos y para su familia, Claudia fue una valiosa fuente de sabiduría, nunca dudando en prestar un hombro u oído al que lo necesitara y siempre brindando consejos y apoyo.
A Claudia la caracterizó su inmensurable generosidad y durante varios años se dedicó a cuidar a una gran cantidad de animales de todo tipo, incluyendo gatos y perros sin hogar. En su tiempo libre disfrutaba de embellecer su hogar y el jardín, caminar al aire libre, ir a la playa, pintar y dibujar, escuchar música, bailar, viajar y compartir experiencias con su familia y amistades.
Durante sus últimos años se desempeñó como compañera de vida y de negocios de su esposo, acompañándolo en todo momento y apoyándolo en sus proyectos, siempre impulsándolo a soñar en grande y a lograr todos sus objetivos.
Los consejos más preciados los reservó para sus dos hijos, continuamente les celebró cada logro sin importar lo pequeño que fuera, fomentando en ellos el valor de la perseverancia, dedicación, honestidad y sobre todo la importancia de la unidad familiar.
Claudia será recordada eternamente por su radiante sonrisa, su espíritu alegre y su ternura incalculable.
Le sobreviven su esposo, hijos, yerno, madre, hermanos, sobrinos y un numeroso grupo de amistades cuyos corazones tocó con su amor incondicional.
Con admiración y eterno cariño,
Andrea
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v.1.18.0