Nuestra luz ha partido a morar con el Señor, dejando en la tierra el eco de su sonrisa y el brillo de una alegría que tocó el corazón de todos los que tuvimos la bendición de conocerla. Clary vivió con el alma llena de amor, regalando esperanza, fortaleza y una energía que iluminaba cada lugar al que llegaba. Su vida fue un hermoso testimonio de amor, y tuvo la dicha de caminar de la mano de un hombre que la amó profundamente y permaneció a su lado con fidelidad y devoción hasta su último suspiro.
Aunque hoy nuestros corazones lloran su partida, encontramos consuelo en la certeza de que el cielo ha abierto sus puertas para recibirla. El Señor la abraza con infinito amor, y desde su presencia ella velará por quienes tanto amó.
Su ausencia deja un vacío imposible de llenar, pero su recuerdo permanecerá vivo en cada sonrisa, en cada abrazo y en cada momento compartido. Vivirá por siempre en nuestros corazones, porque el verdadero amor nunca se despide.
Te amamos hoy, mañana y por siempre, Clary.
Descansa en la paz eterna del Señor.