

25 de noviembre de 1964 – 10 de agosto de 2026
Catalino J. Solis, residente de Conroe, Texas, falleció el 10 de agosto de 2026 a los 61 años de edad. Nacido el 25 de noviembre de 1964, Catalino deja tras de sí el recuerdo de un buen hombre cuya vida estuvo marcada por la fe, la familia, el trabajo arduo y la bondad.
Recordar verdaderamente a Catalino es recordarlo en esos momentos cotidianos que, al mirar atrás, ya no parecen tan ordinarios. Sus mañanas solían comenzar con una taza de café y la tranquilidad de un nuevo día. Disfrutaba estar al aire libre, cuidando sus flores, así como a sus perros y gallinas. Estas rutinas sencillas le brindaban una felicidad genuina y reflejaban la satisfacción con la que vivía.
Así era Catalino. Trabajaba duro, cumplía con sus responsabilidades y nunca buscaba reconocimiento. Cuando alguien necesitaba ayuda, él la ofrecía sin vacilar y sin esperar nada a cambio. Para él, tender la mano era simplemente lo correcto.
Catalino también valoraba la paz. Nunca le interesaron las discusiones ni los conflictos innecesarios; prefería ver a las personas unidas antes que permitir que la ira las separara. Su naturaleza pacífica decía mucho sobre la nobleza de su corazón.
Su fe en Dios estaba presente en su forma de vivir. Se manifestaba en su humildad, su bondad y su gratitud por las bendiciones de la vida. No necesitaba grandes gestos para demostrar su carácter; sus acciones hablaban por sí solas. Al recordar a Catalino, encontramos consuelo en la promesa del Salmo 91: un recordatorio del amparo, refugio, protección y presencia constante de Dios. Las palabras "El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente" reflejan la paz que pedimos lo rodee ahora.
Como uno de ocho hermanos —cuatro mujeres y tres hombres—, Catalino compartió toda una vida de recuerdos con una gran familia. Fue un hermano y un tío muy querido; su ausencia se sentirá en las rutinas familiares, en las reuniones y en esos momentos que ya nunca se sentirán igual sin él. Recordaremos a Catalino a través de las cosas que amaba: el aroma del café recién hecho por la mañana, las flores en flor, sus animales cerca y la serena belleza de un día cotidiano. También lo recordaremos por el ejemplo que nos dejó: ayudar siempre que sea posible, elegir la paz sobre el conflicto y valorar profundamente a las personas que realmente importan.
Su partida deja un vacío irremplazable en nuestra familia, pero agradecemos los años que compartimos con él y los recuerdos que perduran. Con su vida, Catalino demostró que no hace falta alzar la voz para dejar huella. Se puede construir un legado duradero con discreción, mediante el trabajo honesto, la fe, la generosidad y el amor manifestado en los actos cotidianos.
Extrañaremos a Catalino más de lo que las palabras pueden expresar, pero nos reconforta saber que su misión aquí ha concluido y que ha regresado al hogar junto al Señor. El Salmo 91 nos habla de hacer del Señor nuestro refugio y de confiar en Su protección. Estas palabras nos brindan consuelo al encomendar a Catalino al cuidado de Dios, con la certeza de que aquel hombre que buscó la paz durante toda su vida ahora descansa bajo el amparo del Altísimo. Las manos que tanto trabajaron pueden descansar por fin; el corazón que anhelaba la paz, la ha encontrado.
Lo recordaremos no solo por el día de su partida, sino por todos los días que estuvo entre nosotros y por la forma silenciosa en que hizo la vida más grata para quienes lo rodeaban.
Descansa en paz, Catalino. Fuiste profundamente amado, te extrañaremos enormemente y siempre formarás parte de nosotros.
Hasta que nos volvamos a encontrar.
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v.1.18.0